RADIO KOSMOS CHILE

7/31/2014



La vida artificial ya está aquí

Científicos de varias universidades norteamericanas y europeas han logrado "el monte Everest de la biología sintética", como dicen los editores de Science: el primer cromosoma eucariótico fabricado en el laboratorio. Se trata de un cromosoma de levadura, el hongo que se usa para hacer cerveza, pan, biocombustible y la mitad de la investigación sobre los organismos eucariotas, como nosotros.
FUENTE | El País Digital

La capacidad de introducirle un cromosoma sintético a ese organismo permitirá mejorar todo lo anterior, como hacer biocombustibles más sostenibles para el entorno o diseñar nuevos antibióticos, además de un nuevo continente de investigación sobre la pregunta del millón: cómo construir el genoma entero de un organismo superior. La reconstrucción de un neandertal, por ejemplo, sería imposible sin este paso esencial.
La biología sintética es una disciplina emergente que trata no ya de modificar organismos, sino de diseñarlos a partir de principios básicos. En los últimos cinco años ha logrado avances espectaculares, como la síntesis artificial del genoma completo de una bacteria y varios virus. Pero esta es la primera vez que consigue fabricar un cromosoma completo y funcional de un organismo superior, o eucariota (una célula buena, en griego, la que forma los humanos). El consorcio liderado por Jef Boeke, director del Instituto de Genética de Sistemas de la Universidad de Nueva York, presenta su rompedor resultado en la revista Science. 
"Nuestra investigación mueve la aguja de la biología sintética desde la teoría hasta la realidad", dice Boeke, uno de los pioneros de este campo. "Este trabajo representa el mayor paso que se ha dado hasta la fecha en el esfuerzo internacional para construir el genoma completo de una levadura sintética". Boeke empezó este proyecto hace siete años en otra universidad, la Johns Hopkins de Baltimore, enrolando a 60 estudiantes universitarios en un proyecto llamado Build a genome (Construye un genoma). Las técnicas para sintetizar ADN han mejorado mucho en la última década, pero suelen producir tramos bastante cortos de secuencia, no mucho más allá de 100 o 200 letras (tgaagcct...). Los estudiantes se ocuparon de ir pegando esas secuencias sintéticas en tramos cada vez mayores. El cromosoma final mide cerca de 300.000 letras. 
Que un hito científico se refiera a la levadura, Saccharomyces cerevisiae, un hongo unicelular que ya utilizaban los antiguos egipcios para hacer la cerveza, parece una buena paradoja o un mal chiste, pero no es así. La división fundamental entre todos los seres vivos de la Tierra no es la que existe entre plantas y animales, ni entre microorganismos y especies grandes o macroscópicas: es entre procariotas (bacterias y arqueas) y eucariotas (todos los demás, incluidos nosotros). 
Y lo importante de la levadura es que, por mucho que sea un organismo unicelular, cae en nuestro lado de la barrera. No es exagerado decir que la mayor parte de lo que sabemos sobre la biología humana se debe a la investigación de este familiar hongo de apariencia modesta. La levadura tiene unos 6.000 genes, y comparte un tercio de ellos con el ser humano, pese a los 1.000 millones de años de evolución que nos separan. 

Los cromosomas son los paquetes en que se reparte el genoma de los organismos superiores, o eucariotas. Son mucho más que un trozo de ADN: están empaquetados en complejas arquitecturas formadas por centenares de proteínas que interactúan con el material genético, como las histonas. Están dotados de un centrómero, la maquinaria especializada en distribuir una copia del genoma a cada célula hija en cada ciclo de división celular; y sus extremos están protegidos por unos sistemas singulares, los telómeros, que garantizan la integridad de la información genética en cada ciclo de replicación. De ahí que el logro actual vaya mucho más allá que la síntesis del genoma de una bacteria que se había logrado hasta ahora. 
Los humanos tenemos el genoma dividido en 23 cromosomas (o pares de cromosomas); la levadura lo tiene distribuido en 16, y los científicos se han centrado en el más pequeño de ellos, el número 3. Han extraído al hongo su cromosoma 3 natural y lo han sustituido por su versión sintética, llamada synIII, que cubre las funciones de su colega natural pese a estar extensivamente alterado con toda clase de elementos artificiales diseñados para facilitar su manipulación en el futuro inmediato. 
Que el cromosoma sintético funcione en su entorno natural, una célula viva de levadura, es el verdadero hito del trabajo, según los investigadores. "Hemos mostrado", dice Boeke, "que las células de levadura que llevan el cromosoma sintético son notablemente normales; se comportan de forma casi idéntica a las levaduras naturales, salvo por que ahora poseen nuevas capacidades y pueden hacer cosas que sus versiones silvestres no pueden hacer". La versión natural del cromosoma 3 de Saccharomyces cerevisiae tiene 316.667 bases (las letras del ADN a, g, t, c). La versión sintética es un poco más corta, con 273.871 bases, como consecuencia de las más de 500 alteraciones que los científicos han introducido en él. Entre estas modificaciones se encuentra la eliminación de muchos tramos de ADN repetitivo que no tienen función alguna, ya estén situados entre un gen y otro (secuencias intergénicas) o dentro mismo de los genes (intrones). 

También han eliminado los transposones, o genes que saltan de una posición a otra en el genoma de todos los organismos eucariotas. El cromosoma artificial synIII también lleva muchos tramos de ADN añadidos por los investigadores. El número total de cambios de un tipo u otro se acerca a los 50.000, pese a lo cual el cromosoma sintético sigue siendo funcional. Pese a sus evidentes implicaciones para la biología fundamental -¿puede construirse el genoma de un organismo superior, incluido el ser humano, a partir de compuestos químicos sacados de un bote de la estantería?-, el proyecto tiene sobre todo objetivos aplicados. Y no solo en las áreas industriales, como la fabricación de pan y bebidas, en las que este organismo se ha utilizado siempre. 
Una de las aplicaciones que resaltan los autores es la mejora en la manufactura de medicinas como la artemisina para la malaria o la vacuna para la hepatitis B. Como la mayoría de los antibióticos provienen de hongos, y la levadura es uno de ellos, también cabe predecir avances en el diseño y producción de estos medicamentos. 
Más a largo plazo, las levaduras sintéticas pueden facilitar la síntesis de medicamentos anticancerosos como el Taxol, cuya vía de síntesis es tan complicada e implica a tantos genes que supone un formidable escollo para las tecnologías convencionales. En un área industrial muy distinta, esta tecnología, según esperan sus autores, servirá para desarrollar biocombustibles más eficaces que los actuales, entre ellos alcoholes como el butanol, y también diésel de origen biológico.

Y, por supuesto, synIII es solo el primero de los 16 cromosomas de la levadura que los investigadores logran sintetizar. Los intentos de repetir la hazaña con los otros 15 cromosomas ya están en proyecto, y forman parte de un programa internacional llamado Sc 2.0 que implica a científicos de Estados Unidos, China, Australia, Singapur y el Reino Unido. En el nombre del proyecto, Sc es por Saccharomyces cerevisiae, el nombre científico de la levadura de la cerveza, y el 2.0 quiere enfatizar lo mucho que los seres vivos están a punto de parecerse a cualquier otro desarrollo tecnológico. El objetivo es construir un genoma completo de levadura, o el primer organismo complejo sintetizado en el tubo de ensayo. 
Echando la vista más hacia el futuro, cabe especular sobre la resurrección de especies extintas como el mamut o el neandertal, cuyos genomas ya han sido secuenciados a partir de sus restos fósiles. Si estos proyectos llegan a abordarse alguna vez, tendrán que basarse en una técnica similar a la que Boeke y sus colegas acaban de poner a punto para este engañosamente simple hongo que tan servicial ha resultado a la especie humana desde los albores del neolítico. 
Autor:   Javier Sampedro


Creo que la gente no está convencida de que el motor de la economía es la ciencia

Entrevista a Bernardo Herradón, investigador del Instituto de Química Orgánica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
FUENTE | CSIC

A sus 55 años, Bernardo Herradón asegura que su objetivo no es ni acumular publicaciones ni ganar el premio Nobel. Prefiere, dice, contribuir a que "más jóvenes se dediquen a la ciencia" y se siente orgulloso de que los que han realizado la tesis doctoral con él hayan seguido en la investigación. Este científico divide su tiempo entre el laboratorio del Instituto de Química Orgánica (CSIC), donde últimamente investiga un método para obtener grafeno, y la divulgación de la ciencia. Actualiza sus blogs, da charlas, organiza cursos, participa en programas de radio y escribe libros como Los avances de la química, de la colección '¿Qué sabemos de?' (CSIC-Catarata). Con tanta ocupación, Herradón admite que tiene algún que otro artículo a la espera de ser publicado. Pero no le da demasiada importancia porque sostiene que hay "un boom inflacionario de publicaciones científicas". En cambio, lamenta que la sociedad española sea "científicamente inculta" y el desprecio de los gobiernos por la ciencia. "Aquí los políticos son muy cortoplacistas, viven de elección en elección y no hacen una apuesta a largo plazo", afirma.

Pregunta. Eres autor de varios blogs, organizas un curso de divulgación de la química, das charlas... ¿Otorgas un papel muy importante a la divulgación dentro de la carrera científica? 
Respuesta. Sí, es fundamental. Un investigador que no se involucre en tareas que tengan que ver con la cultura científica, no es un investigador completo. La investigación tiene varias facetas: publicar en revistas científicas, formar jóvenes investigadores, conseguir financiación para investigar y también transmitir a la sociedad los avances científicos, tanto los que has hecho tú como otros. 

P. ¿Y cualquier investigador sirve para divulgar la ciencia? 
R. Cualquier investigador debería servir para divulgar. Cuando un colega dice que no sirve, es que no ha hecho el esfuerzo para ello. A mí me gusta decir siempre una frase que se atribuye a Einstein, aunque también se ha puesto en boca del matemático Henri Poincaré. Dice algo así: "Si no eres capaz de explicarle a tu abuela lo que estás haciendo, es que no has entendido tu propia investigación". Un investigador tiene que saber explicar a cualquiera, con palabras sencillas y claras, conocimientos muy abstractos. 

P. Lo dices con mucha rotundidad. 
R. Sí, y cada vez más porque me voy dando cuenta de que se puede explicar cualquier cosa. Por ejemplo, el bosón de Higgs se puede explicar sin recurrir a ninguna fórmula matemática. Yo mismo, que soy químico orgánico, soy capaz de explicarlo; aunque obviamente físicos teóricos y excelentes divulgadores, como Alberto Casas o Teresa Rodrigo, lo harán inteligible para cualquiera. 

P. Y eso que eres químico, y no físico... 
R. Por desgracia, a menudo algunos colegas saben mucho de su área y no tienen ninguna cultura científica al margen. También me he encontrado con gente que no se dedica a la ciencia y que tiene una gran cultura científica que les hace capaces de explicar este tipo de cosas. 

P. ¿Es muy frecuente la figura del científico aislado, que vive en su torre de marfil y de espaldas a la sociedad o a otros campos del conocimiento? 
R. A mí me gusta decir que el científico es ciudadano y además, sin que se vea en esto arrogancia, creo que el científico tendría que ser un líder de opinión en la sociedad, porque al fin y al cabo la ciencia está detrás de casi todo. Cuando se habla de los presupuestos, detrás están las matemáticas. Si vamos a cuestiones como el problema energético, nos encontramos con problemas como la escasez de combustible o los recientes en el almacén subacuático de gas frente a las costas de Castellón. Si se hubiese consultado a científicos, por ejemplo geólogos, quizá no se habría construido. Pero nunca se les consulta cuál debe ser la política energética. Por ejemplo, el CSIC, como organismo multidisciplinar, debería estar asesorando al gobierno de turno, a nivel local o nacional, sobre aspectos relacionados con la ciencia. 

P. ¿Y por qué en la práctica no suele haber equipos de científicos asesorando en políticas públicas? 
R. Porque en España, los gobiernos, sean del color que sean, suelen despreciar la ciencia, no son conscientes de que todo lo que nos rodea es ciencia. En otros países los científicos están mejor considerados, pero aquí los políticos son muy cortoplacistas, viven de elección en elección y no hacen una apuesta a largo plazo. Y luego está la sociedad española, que, por desgracia, en general es científicamente inculta. 

P. Dado que ese déficit de cultura científica no responde a un determinismo, sino que responderá a una serie de causas, ¿cómo crees que se puede cambiar esta situación? 
R. Con paciencia, y vuelvo al tema político. El gran valor de un país es que tenga personas muy formadas, pero eso no es como plantar patatas, sino que hay que tener mucha paciencia, hablarle claro a la sociedad, elaborar una ley de educación que no se esté modificando con cada gobierno... Y luego, dentro de la formación: la ciencia, por su naturaleza, hay que cultivarla día a día. A mí me gusta mucho leer, ir al cine... Pero una cosa alimenta al espíritu y la otra, la ciencia, además de alimentar al espíritu, nos da de comer literalmente. Con un planeta tan superpoblado, ya habría un déficit de alimentos si no fuese por la ciencia; especialmente la química ha contribuido a que nuestros campos sean más productivos. Todo eso lo tiene que saber la gente. Los ciudadanos valoran mucho a los científicos. No hay nadie que nos tenga manía, como sí sucede con los políticos o con los jueces o los periodistas. 

P. Pero ahí está la paradoja, se trata de una de las profesiones más valoradas y sin embargo la sociedad no sabe de ciencia. 
R. Claro. Escuchaba en la radio a José Antonio Marina y decía que todo el mundo se queja de la educación, pero luego, en las encuestas, la gente no coloca a la educación como uno de los grandes problemas. Con la ciencia sucede lo mismo. Luego están los medios de comunicación, que generalmente prefieren publicar o difundir una noticia que pueda tener cierto morbo o un buen titular. Por ejemplo, la noticia reciente de que los españoles adultos son muy incultos... 

P. Sí, la relativa al último informe PISA. 
R. Eso es. Pero ¿cuál ha sido la muestra de esa población? Se echa la culpa a la LOGSE y resulta que ninguno de los encuestados estudió con la LOGSE porque eran personas mayores. Esos datos hay que analizarlos bien, no podemos hacer caso del titular. Y sigo con lo que hablábamos antes: la gente considera que la educación es importante pero luego no la coloca entre sus prioridades o como uno de los grandes problemas por los que habría que presionar a los políticos. Yo creo que la gente no está convencida, por mucho que lo digamos los científicos, de que el motor de la economía es la ciencia. ¿Por qué? Por ejemplo, en el CSIC y en España en general hay muchos grupos que están investigando en energía solar, que en un país como el nuestro (por la cantidad de irradiación solar que tenemos) tendría que ser algo prioritario; pues resulta que la política energética hasta hace unos años miraba con buenos ojos los huertos solares, pero luego llega este gobierno y les cobra con carácter retroactivo impuestos. Aquí habría que invertir en energía solar, pero pueden pasar 10 o 15 años hasta que puedas poner en el mercado algo que estás desarrollando en el laboratorio, y en España no tenemos esa paciencia para eso. 

P. Parece que a la hora de superar ese déficit en cultura científica, atribuyes la máxima responsabilidad a los dirigentes políticos. 
R. Todo el mundo es necesario. Por un lado los científicos, que tenemos que dar la cara; por ejemplo, si me llamáis del Área de Cultura Científica del CSIC, os tengo que atender. Pero también los políticos impulsando unas leyes adecuadas, y los medios de comunicación. Y por supuesto el ciudadano. Siempre digo que con quien más hay que trabajar es con los niños. Al final esto es un asunto generacional, no vamos a ser todos cultos científicamente de la noche a la mañana. 

P. ¿En qué actividades de divulgación de la ciencia a la sociedad estás involucrado? 
R. Desde el año 2007 debo haber hecho unas 500 actividades. Por ejemplo, he organizado tres veces el curso de divulgación Los avances de la química y su impacto en la sociedad, tengo dos blog, Química y sociedad y Educación química, la web sobre Los avances de la química y perfiles en twitter y facebook sobre química. He impartido unas 120 conferencias para colegios y centros culturales... También he sido comisario científico en la exposición Entre moléculas del CSIC, he colaborado en el guión de un documental sobre la energía y he escrito unos 30 artículos sobre historia de la ciencia, aspectos relacionados con la química, alguna biografía, etc., además del libro de divulgación Los avances de la química. Colaboro en varios programas de radio y a veces hago alguna colaboración en prensa, generalmente entrevistas. Como me gusta todo, quizá diversifico demasiado. 

P. En actividades como las conferencias o el curso sobre los avances de la química, ¿cuál es la respuesta de los ciudadanos? 
R. Buena. Por ejemplo, la web sobre química tiene muchas visitas y descargas de material didáctico; en las conferencias me he dado cuenta de que, cuanto más pequeño es el sitio, mejor acogida tienen. Recuerdo que en Burgos fueron 400 personas. Mis blogs tienen entre 400.000 y 500.000 visitas al año. La gente suele ser receptiva con lo que estás contando. Por ejemplo, en Ciudad Ciencia di una charla para presentar un libro en la biblioteca de Villena y hubo unas 80 personas. La conferencia duró una hora y las preguntas y comentarios dos horas. A la gente, si le das ciencia, le interesa mucho. Lo que le hace falta a este país es que las televisiones apuesten por la ciencia, porque dentro de los medios es el que más influye. El programa Redes últimamente se está desviando de la ciencia. Y un programa que era muy bueno, Tres14, lo suprimieron de la noche a la mañana. 

P. ¿Cómo explicarías a un ciudadano que a priori no tenga interés por la ciencia que es beneficioso adquirir conocimiento científico? ¿Puede afectar positivamente a la vida de las personas saber más de ciencia? 
R. Yo creo que sí. Le diría: "mira a tu alrededor y podremos explicar ciencia con cualquier cosa": a partir de la ropa que llevamos, el jabón y la colonia que usamos, nuestros teléfonos de última generación... Cuando ojeas el periódico -al menos yo- a todo le sacas una vertiente científica. 

P. Eres químico orgánico. ¿Cómo explicarías al ciudadano de a pie en qué consiste o para qué sirve tu trabajo? 
R. Durante muchos años hemos hecho moléculas con las que luego se elaboran medicamentos, productos para cuidar el ganado, para perfumes, etc. También intentábamos que esas moléculas sirvieran para tratar procesos biológicos que pueden tener que ver con enfermedades neurodegenerativas. Mientras, como en investigación básica lo importante no es el final sino el camino, vas profundizando en el conocimiento; de ahí luego pueden surgir cosas sin las cuales no podríamos vivir: el láser, los motores de gasolina, los catalizadores que impiden que salgan gases nocivos por los tubos de escape... Todo surge de la investigación básica. Nunca hay investigación puramente aplicada. Últimamente he pasado a dos temas más prácticos: estamos preparando electrolitos para baterías, con la idea de que puedan servir en un futuro para tener supercondensadores con mucha más capacidad. También estamos trabajando en un método para obtener grafeno, que para muchos será el material del futuro. Pero tienen que pasar años para poder ver esto en el mercado. 

P. Algunos de tus colegas sostienen que vuestra principal actividad es investigar y en segunda instancia divulgar, pero sin descuidar nunca la investigación. ¿Hay tiempo para todo? 
R. Lo cierto es que tengo un montón de resultados sin publicar porque no he tenido tiempo. Pero a nivel global creo que hay un exceso de artículos científicos publicados; en mi área de química orgánica todas las semanas se publican miles que no aportan nada a la ciencia. Cuando me planteo publicar algo, pienso en qué va a aportar. Mi objetivo no es tener 100 o 200 publicaciones, sino aprender y pasármelo bien. No me gusta el copy paste, el estilo de fast publication, y al final se quedan cosas sin publicar, pero son resultados marginales que lo mismo ya se han publicado de manera preliminar. ¿Que podíamos haber duplicado resultados? Sí, pero eso contribuye a ese boom inflacionario de las publicaciones científicas. Sí puedo decir con orgullo que los investigadores que han hecho la tesis doctoral conmigo han seguido en la investigación. 

P. ¿Entonces es compatible o no investigar y divulgar? 
R. Al final hay que priorizar. Yo dentro de poco cumpliré 55 años. Un investigador en este país con 55 años que piense que va a ganar el premio Nobel o el Príncipe de Asturias o el Jaime I, que siga investigando y a ver si lo gana. Pero si eres realista y sabes que tu objetivo no va a ser ganar eso, ¿no es más importante para los científicos de mi edad que 10 jóvenes se dediquen a la ciencia que no publicar 10 artículos más? Ahora mismo mi trabajo lo veo más desde el punto de vista de captar personas para la ciencia que para publicar, y sigo manteniendo mi ritmo de 2-4 publicaciones al año, que no puede ser mayor cuando sólo tienes 19 m2 de laboratorio y un grupo de 2-4 personas. 

P. ¿Crees que está suficientemente valorada la divulgación o simplemente es algo vocacional, de lo que no se espera nada a cambio? 
R. Debería estar algo valorada, porque no lo está. Solo lo valoran unas pocas personas que también están interesadas en la divulgación. No te lo reconocen ni a nivel oficial ni tus colegas. Hay mucho desprecio por la divulgación en España, y hay mucho científico con mucha incultura científica en cuanto le sacas de su área súper especializada. Se da una contradicción: hoy la ciencia es multi e interdisciplinar, pero es simplemente la suma y no la conjunción/interacción de personas que saben hacer distintas cosas. A mí esa ciencia no me gusta mucho. 

P. ¿Quieres decir que no concibes la ciencia como una serie de compartimentos estancos sino como algo más integral? 
R. Yo soy químico orgánico pero me gusta toda la química y trabajo en la frontera de lo que es la ciencia de los materiales. Para mí no hay divisiones entre la ciencia. Hoy un científico moderno, de calidad, tiene que saber un poco de todo. Por eso me gustaría que en las universidades españolas se implantase una carrera que se llamara Ciencias, naturales o experimentales, pero que te diera una visión global y que en un segundo ciclo o máster cada uno se especializase. Falta un poco esa visión general. Si no lo remediamos, llegaremos al final a eso que se dijo de lo que es el especialista: "sabe todo de nada". 

P. ¿Hasta qué punto es complicado compaginar la vida científica con la vida familiar? 
R. Eso quizá habría que preguntárselo a la familia. A mí me gusta trabajar en casa. Yo intento compatibilizarlo y de momento no he tenido muchos problemas para ello. Mis dos hijos son mayores y ya no hay que llevarles al parque. Eso facilita las cosas. 


La sociedad debe percibir que la ciencia mejora las condiciones de vida y la salud

Entrevista a Rosa Menéndez, investigadora del CSIC y experta en grafeno, en Hablan los científicos, el espacio en el que diferentes investigadores del CSIC reflexionan sobre la situación de la ciencia y la importancia de divulgarla a la ciudadanía.
FUENTE | CSIC

Es tan ligero como la fibra de carbono, pero más flexible. Es transparente, posee una alta conductividad térmica y eléctrica y su dureza es 200 veces superior a la del acero. Hablamos del grafeno, el material de moda en investigación tecnológica. Rosa Menéndez, del Instituto Nacional del Carbón de Asturias (INCAR-CSIC), ha acaparado la atención mediática por descubrir un procedimiento para obtenerlo a menor coste. Los resultados parecen prometedores, "pero aún queda mucho camino por recorrer", explica. Muchas empresas de distintos sectores "se están interesando en su utilización y en posibles colaboraciones para su desarrollo", añade. Diseñar baterías para móviles que duren más, aumentar la autonomía del coche eléctrico, capturar los compuestos contaminantes en procesos industriales o fabricar dispositivos electrónicos con mayor capacidad de respuesta podrían ser algunas de sus aplicaciones futuras. Convencida de que hay que divulgar "más y mejor" la ciencia, Menéndez cree que políticos, medios de comunicación e investigadores son corresponsables en esta tarea.

Pregunta. ¿Qué es lo que habéis conseguido exactamente con el grafeno? 
Respuesta. Hemos optimizado la vía tradicional de síntesis del grafeno a partir del grafito. Hay muchos tipos de grafito, pero normalmente se utiliza el grafito natural cuando se aplica la vía química. Nosotros abrimos el abanico y utilizamos otros tipos de grafito y adaptamos los procesos. Con ello hemos mejorado el rendimiento y la calidad del grafeno obtenido por esta vía. Además hemos logrado obtener una serie de productos intermedios, que llamaríamos materiales grafénicos, que pueden ser muy útiles para aplicaciones diversas. Y hemos visto que dependiendo del grafito utilizado como materia prima, esos materiales grafénicos pueden ser muy distintos. 

P. También habéis descubierto un procedimiento para obtener grafeno a partir del coque. 
R. Sí. La idea surgió a raíz del análisis de los aspectos económicos derivados del coste de la materia prima y de su disponibilidad. El grafito se localiza fundamentalmente en la India, Corea y China. Europa no tiene grafito natural en grandes cantidades y eso podría crearnos un problema de dependencia. Además los yacimientos se pueden agotar y también está el problema de los precios. No obstante, existe otro tipo de grafito comercial, el denominado sintético, que se obtiene a partir de residuos del petróleo. Sin embargo, su preparación requiere temperaturas muy altas, por encima de los 2.000 grados, lo que encarece el producto. De ahí que nos planteásemos utilizar un material similar al grafito pero que se obtuviese a temperaturas más bajas, para conseguir un gran ahorro energético. Y recurrimos al coque (un material pregrafítico), que es muy abundante y, si funciona, sería económicamente más viable. Hay muchos productos de partida que generan coque, así que se podría sintetizar fácilmente y cubriríamos dos aspectos: la garantía de suministro de la materia prima y el abaratamiento de los costes de producción. Los resultados a día de hoy son prometedores. 

P. ¿Ya habéis obtenido la patente para esa utilización del coque? 
R. Sí. Con la patente nos estamos protegiendo a nivel tanto nacional como internacional. Y a raíz del eco mediático que tuvimos este verano nos están llamando de muchas empresas. 

P. ¿Cuáles serían las aplicaciones a las que iría destinado este grafeno? 
R. Estamos haciendo un importante esfuerzo en el campo del almacenamiento de energía para baterías y supercondensadores, porque existe un problema con la poca durabilidad de las baterías de los móviles, el coche eléctrico, la pérdida de parte de la energía producida por los aerogeneradores... Estos materiales están dando buenos resultados en este campo. También los estamos utilizando en procesos químicos para captación de contaminantes, como catalizadores con capacidad de reconocimiento molecular de determinados compuestos contaminantes. Además se está investigando su utilización en materiales compuestos para aplicaciones relacionadas con la electrónica y la biomedicina. 

P. ¿Qué objetos de nuestra vida cotidiana tienen grafeno? 
R. Si se cumplen las predicciones lo veremos en un futuro próximo. En estos momentos lo más cercano que se me ocurre es la mina de un lapicero, que está constituida por grafito. Dependiendo de la presión aplicada al escribir, la intensidad del trazo varía porque varía el número de capas de grafito; cuanta menor intensidad, menos láminas, y así llegaríamos a una sola, monoatómica, al grafeno. Hasta donde llega mi conocimiento, de momento, la mayoría de los desarrollos están en la fase de prototipo. 

P. ¿Dentro de tu carrera investigadora, qué importancia le das a trasladar el conocimiento científico a la sociedad? 
R. Lo considero si no una obligación, sí un deber del científico hacia la sociedad. Aparte de publicar en revistas científicas, creo que se debe transmitir también al ciudadano de a pie lo que se está haciendo. Y no solo los hallazgos espectaculares, si no también ese trabajo en el que se está aplicando un extraordinario esfuerzo y que muchas veces pasa desapercibido. Entiendo que el ciudadano tiene derecho a saber lo que se está haciendo y que es bueno que en la prensa no solo aparezcan las desgracias cotidianas, la situación económica y los vaivenes políticos, sino también la ciencia. 

P. ¿Crees que la ciencia se divulga suficientemente en España? 
R. En los últimos años se ha hecho un esfuerzo importante, y el CSIC es un claro ejemplo, pero creo que aún está lejos de ser suficiente. 

P. ¿Consideras entonces necesaria una mayor implicación por parte de los medios en la divulgación de la ciencia? 
R. Sí. A modo anecdótico, ha habido momentos en que he enviado informaciones a periódicos locales y por alguna razón no obtuve respuesta. No obstante, si el tema que se plantea es atractivo, como es el caso del grafeno, estamos viendo que la respuesta es muy buena. Además del interés de la noticia, debe llegarse en el momento adecuado porque si coincide con otros eventos de mayor repercusión, políticos o deportivos, la atención no va a ser la misma. Una buena comunicación entre ambas partes es deseable. 

P. Las encuestas dicen que para la sociedad española la profesión de científico es una de las más valoradas. Paradójicamente también señalan que vivimos más de espaldas a la ciencia que otras sociedades europeas, y que el nivel de cultura científica es menor. ¿Compartes esta idea? 
R. Creo que es cierto pero que también es una cuestión de educación, y por ende de tiempo. Desde el INCAR, con la colaboración del CINN y del IPLA (los otros dos centros del CSIC en Asturias), se están pilotando intensas campañas para impulsar la ciencia desde la escuela, de abajo a arriba; colaboramos con colegios y centros de secundaria, montamos talleres, actividades y experimentos con los niños, para que aprendan desde pequeñitos a valorarla. Creo que es un problema cultural. 

P. ¿Tienes alguna teoría que explique este déficit de cultura científica? ¿Cuáles serían las causas? 
R. No lo sé con certeza. Creo que los medios de comunicación, en especial la televisión, juegan un papel muy importante. Por ejemplo, se emiten algunos programas como El escarabajo verde y Redes, y yo creo que la gente los ve. A Punset se le conoce, de hecho participa en anuncios de conocidas marcas comerciales. Puede ser un problema de transmisión del mensaje y/o que no se hace con la suficiente intensidad y frecuencia. 

P. ¿En qué beneficia al ciudadano de a pie saber más de ciencia aunque no se dedique a ella? 
R. Al igual que todo el mundo se interesa por la economía porque afecta a su bolsillo, debe conocerse que los desarrollos científicos pueden afectar también de forma directa a la vida de la gente; hay experimentos de laboratorio que luego repercuten en su bienestar. Si se desarrollan unos materiales o unos procesos que pueden reducir las emisiones de CO2, eso puede mejorar la calidad de vida, porque se tendrá un aire más limpio. La sociedad debe percibir que la ciencia repercute en la mejora de las condiciones de vida y la salud. 

P. Algún investigador apuntaba también algo más intangible, que es que cuanto más se sabe de ciencia, más fácil será tener una opinión crítica y tomar decisiones con criterio. 
R. Efectivamente. Por ejemplo, en el Año de la Química (2011) hemos trabajado mucho sobre ello. La química se ha estado asociando con contaminación y con aspectos negativos. Suele decirse, como si fuera algo malo, "este producto lleva mucha química". Son ideas que se van instalando y además de no ser ciertas, perjudican. El mensaje sería "gracias a la química estás viviendo, gracias a la química te sostienes de pie, gracias a la química respiras...". 

P. ¿Señalas que hay muchos errores de bulto que están muy instalados? 
R. Efectivamente, y eso hay que desbancarlo. Es muy fácil dar una mala imagen sobre algo y luego es muy difícil cambiarla, rectificar. 

P. ¿Y cómo puede superarse ese déficit de cultura científica? ¿Son los poderes públicos los responsables porque habría que invertir más en I+D, o los científicos deberían divulgar más o los medios informar más y mejor sobre ciencia? 
R. Es una labor de todos. Si se empezara a difundir la ciencia por televisión y prensa de una forma atractiva, la gente se empezaría a interesar. Por eso antes ponía el ejemplo de Punset, que es nuestro divulgador por excelencia. La gente le escucha. Yo creo que es un tema de todos y no creo que se necesite una inversión muy alta. Hace falta también interés político, más interés de los medios y también de los científicos. Es más una cuestión de dedicarle tiempo que de inversión económica. 

P. ¿Es fácil compaginar la carrera científica con la vida personal? 
R. Depende de la persona y de su entorno. En mi caso, aunque tengo dos hijos, me fue posible gracias al apoyo familiar. Resultaba muy duro ausentarse cuando eran pequeños, pero nunca paré mi actividad científica, tanto en el ámbito de la investigación como en el de la organización y gestión, a nivel nacional e internacional. Intentaba compensar las ausencias con la calidad del tiempo que estaba a su lado. Algo positivo de la carrera científica es que te marcas tu propio ritmo y tus propias metas.


Debería ser casi obligatorio que los científicos asesoren a los políticos

Entrevista a Manuel de León, director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). Es el único español que ha accedido al comité ejecutivo de la Unión Matemática Internacional. En él Manuel de León organiza, junto a 10 colegas de distintos países, los congresos que se celebran cada cuatro años y que reúnen a las mentes más brillantes de las matemáticas.
FUENTE | CSIC

Afable y extrovertido, de León no concuerda con la imagen inaccesible y hasta un tanto excéntrica que a veces se atribuye a quienes dedican su tiempo a resolver algoritmos, hacer cálculos aritméticos o solucionar problemas de geometría diferencial. Este científico de los números, que dirige el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), adscrito al CSIC, quiere contar las matemáticas a todo el que esté dispuesto a escuchar. Su libro La geometría del Universo (CSIC-Catarata) es una buena muestra de su faceta de divulgador. En sus páginas explica por qué su disciplina "es una parte consustancial de las Humanidades y la cultura". ¿Dónde estamos? ¿Qué somos? ¿Qué hacemos aquí? Las matemáticas, dice, esconden las claves para estas y otras muchas respuestas. Estos días colegas y alumnos rinden homenaje a de León, que cumple 60 años, a través de un congreso -deLeonFest- con las matemáticas como protagonistas.

Pregunta. En La geometría del Universo hablas de la relación que hay entre las matemáticas y la filosofía. Llama la atención que una ciencia pura tenga vínculos tan estrechos con otra que se basa en la especulación...
Respuesta. Las matemáticas, cuando nacieron como ciencia - –probablemente sean la ciencia más antigua porque contar es una de las primeras cosas que hacemos- eran filosofía. Los matemáticos y los filósofos eran lo mismo. Por eso las matemáticas, que en griego significan 'conocimiento', van de la mano de la filosofía, te dan el sustrato intelectual del mundo físico que observas y que quieres explicar. Sin ellas eso es imposible. Como decía Galileo, si alguna vez podemos explicar qué es el mundo será con las matemáticas. El Universo está escrito en lenguaje matemático y sin las matemáticas viviríamos en un mundo de oscuridad e ignorancia.

P. Para contestar preguntas cómo qué somos o qué hacemos aquí, ¿llegaron primero las matemáticas y luego la filosofía o no necesariamente?
R. Eso es difícil saberlo, probablemente fue a la vez. Las matemáticas tienen también una parte práctica: los números nacen porque se tiene necesidad de contar. Incluso hay animales, como los cuervos, que saben contar. Es algo consustancial a la inteligencia, algo práctico. Pero también hay que pensar en qué era el mundo hace miles de años. Entonces no había contaminación y mirar el cielo debía ser una cosa espectacular. Estas aquí, ves lo que hay, te preocupas por comer, por tener una cueva donde cobijarte, por evitar que te coman los depredadores... Luego miras hacia arriba y entonces surgen las preguntas. La historia de las matemáticas es paralela a la del desarrollo de la humanidad.

P. Cuentas también en el libro que Platón defendía que los estudios de matemáticas y filosofía eran esenciales para cualquier gobernante. El panorama ahora es bien distinto.
R. Ya en la época de Felipe II en la corte se consideraba de buen tono saber mucho de matemáticas. De hecho él trajo muchos matemáticos de fuera porque necesitaba formar ingenieros, pilotos náuticos, arquitectos... Las matemáticas te enseñan a razonar. Hoy nos llega tal cantidad de información que la gente no sabe qué le están diciendo. Por ejemplo, sale el informe Pisa o las cifras del paro, pero ¿en qué contexto hay que ubicar los datos? La gente piensa que las matemáticas son solo números pero en realidad te enseñan a relacionar unas cosas con otras, a descubrir patrones en comportamientos, a cómo tratar la información que recibes... Tener un entrenamiento matemático sirve para trabajar y pensar mejor. 

P. Por eso la importancia que otorga Platón a las matemáticas y la filosofía choca con la situación actual. Las Humanidades, sobre todo la filosofía, están cada vez más arrinconadas.
R. Tampoco las matemáticas están siendo muy bien tratadas. Platón decía que los que saben matemáticas piensan mejor. ¿Qué ocurre ahora? Hay un sentimiento más utilitario de las cosas. Los matemáticos sabemos que nuestra disciplina tiene su parte utilitaria, porque muchas cosas no hubieran sido posibles sin la aplicación de las matemáticas, pero tienen algo más profundo que entronca con las Humanidades y la filosofía: el afán de entender el mundo. Las matemáticas son una parte consustancial de las Humanidades y la cultura. Hay ciencias como la biología o la física que van cambiando con el tiempo porque aparecen nuevos descubrimientos y las teorías que había desaparecen a favor de otras nuevas. Las matemáticas no cambian: aparecen cosas nuevas, pero las antiguas siguen siendo válidas. 

P. Sigamos con tu libro. Precisamente por ese exceso de utilitarismo das un tirón de orejas a los gobernantes de hoy a través de Euclides...
R. Sí, suelo contar dos anécdotas. En una el rey Tolomeo I pregunta a Euclides si hay algún atajo para aprender y este le responde que "no hay un camino para reyes", es decir, si quieres aprender algo, te tienes que esforzar. Volvemos a esa idea del valor intrínseco del conocimiento y no porque sea útil para algo. Eso es también la filosofía. En otra ocasión, un alumno pregunta a Euclides si el teorema que le acaba de explicar le va a ser útil para algo y el matemático dice a uno de sus sirvientes: "dale tres monedas porque le tiene que servir de algo lo que está aprendiendo". El conocimiento es bueno per se, y eso es algo que hoy en día se ha olvidado. Hoy prima el utilitarismo del conocimiento. Por ejemplo, en ciencia se habla todo el rato de las aplicaciones, de la innovación... 

P. Hablas también de la extraordinaria correlación que se da entre las distintas ciencias y de cómo los mayores progresos surgen de su combinación.
R. Sí, en la frontera del conocimiento es donde se producen avances más espectaculares. En medicina, cuando tienes un modelo matemático sobre el crecimiento de un tumor puedes actuar y saber que si haces algo, tendrás unos resultados. En biología Jordi Bascompte ha aplicado la teoría de grafos y ha construido la red del sistema ecológico, en la cual se relacionan unas especies con otras y él ve el grado de relación que hay entre unas y otras. Así puede afirmar que hay especies cuya eliminación tendría un efecto devastador sobre el ecosistema, mientras que hay otras sin las cuales el ecosistema puede sobrevivir. Todo esto se hace a partir de un modelo matemático que le permite hacer simulaciones. 

P. Tus áreas son la geometría diferencial y la mecánica geométrica. ¿Cómo explicarías al ciudadano de a pie para qué sirven estos conocimientos?
R. Lo que hago en mecánica geométrica tiene aplicaciones en robótica. Sirve para estudiar sistemas de locomoción de robots móviles o vehículos automáticos submarinos. Son sistemas que tienen unas restricciones cinemáticas. Un ejemplo que se puede ver en la calle es el del snakeboard [un patín articulado que al desplazarse imita el movimiento de una serpiente] o el más habitual del skate [el patín ordinario]. En cuanto a la geometría diferencial, se centra en el estudio de los espacios de dimensiones arbitrarias, lo que se llaman variedades diferenciales. Lo que hacen los físicos teóricos y los diferentes modelos de universo se basan en eso. Gravitación, relatividad, modelo estándar, teoría de cuerdas... Todo viene de ahí. 

P. En La geometría del universo abordas también las relaciones, muchas veces conflictivas, entre ciencia y religión. Aludes a las persecuciones que sufrieron Hipatia, Galileo, Copérnico... ¿Hasta qué punto persisten hoy estas tensiones entre ciencia y religión?
R. Quizás en el mundo islámico sí persistan, porque hay países que son verdaderas teocracias, pero en el mundo Occidental creo que cualquier cosa que diga el Vaticano es algo que a los científicos no nos preocupa mucho.

P. Pero hay cuestiones como la investigación en células madre...
R. Eso no son cuestiones religiosas sino éticas, y ahí todo el mundo tiene su opinión. Se trata de asuntos muy delicados, que tienen que ver con qué es y qué no es un ser humano. Por parte de la Iglesia hay mucho fundamentalismo porque al final no puedes poner puertas al viento. No puedes frenar la clonación porque se va a seguir haciendo, y las alteraciones genéticas también. No se va a poder controlar. 

P. Aunque también conlleven riesgos. 
R. Claro. Todo lo que hagas conlleva riesgos, sobre todo porque ignoras qué es lo que puede provocar. La ciencia se puede usar para producir energía nuclear o para hacer bombas de hidrógeno. Somos nosotros los que usamos las cosas bien o mal. 

P. Además de dirigir el ICMAT, eres el primer español que está en el comité ejecutivo de la Unión Matemática Internacional. 
R. Y me parece que el único en mucho tiempo, porque somos solo 11 personas y son muchos los países con posibilidades. Yo llevo siete años y 2014 es mi último año. 

P. ¿Cada cuánto tiempo os reunís? 
R. Los 11 estamos en contacto permanente a través del correo electrónico. Tenemos también un blog para comunicarnos y un sistema por el que todos los correos que nos enviamos quedan archivados en Berlín, que es donde está actualmente la sede. Tenemos al menos una reunión anual. El próximo año serán dos porque hay congreso, que en esta ocasión será en Seúl. 

P. ¿Cuál es el cometido principal de la Unión Matemática Internacional? 
R. Es una unión científica y la actividad principal es la organización del congreso cada cuatro años. Hay una asamblea general que recibe las propuestas, una comisión de selección, diferentes comisiones para los distintos premios... También hay una comisión de cooperación y desarrollo, que hace actividades para los países en vías de desarrollo; otra de historia de las matemáticas; otra de educación matemática, que se encarga de hacer otro congreso de educación y de promover actividades de difusión de las matemáticas; y otra de comunicación y formación electrónicas, porque nos preocupa mucho que se digitalice toda la información correctamente, que tenga acceso libre todo el mundo... También se ha puesto en marcha dentro de la comisión de educación la creación de redes regionales. En 2011 se creó una red en la República de Mali y los países vecinos francófonos; el año pasado se impulsó otra en el Caribe, y este año se ha creado una en Camboya. En 2014 es el turno de Tanzania. La idea es poner un dinero inicial para que se cree la red y que luego esos países se ayuden mutuamente. Además, ahora está empezando a surgir el tema de la divulgación en la Unión. Ya algunas de las conferencias que se dan en los congresos son divulgativas y se hace una sección adicional al programa científico para el gran público. 

P. ¿Hasta qué punto consideras importante trasladar el conocimiento científico a la sociedad? 
R. Es fundamental para lograr dos objetivos: que la gente sepa ciencia y que se conozca lo que estamos haciendo, porque nos paga la sociedad. Creo además que, a pesar de que se diga lo contrario, hay mucho interés por la ciencia. En el ICMAT, cuando organizamos algo la gente participa, tiene curiosidad y ganas de aprender. 

P. ¿Cuánto tiempo debe dedicar un científico a la tarea de divulgar?
R. Depende. El problema no es de falta de tiempo para divulgar, sino para gestionar porque no tenemos suficientes gestores. Al final sacas tiempo de donde sea. Es muy difícil decir si el 10% o el 20%, y hay diferentes etapas en la carrera investigadora. Aquí la divulgación es algo voluntarista, pero eso no es sostenible. En el ICMAT vamos introduciendo a la gente joven (estudiantes de doctorado y postdocs) en esa cultura de divulgar: hacemos talleres, participamos en la Semana de la Ciencia, en La Noche de los Investigadores... Les decimos que esa es una parte más de su trabajo. Creo que se irá notando con el tiempo. 

P. ¿Crees que las próximas generaciones de investigadores tendrán más interiorizada la divulgación? 
R. Sí. Lo veo con la gente joven del ICMAT. Y lo que hacemos nosotros lo puede hacer cualquiera. 

P. ¿Es cierto que la sociedad española acusa un déficit de cultura científica? 
R. Sí, por ejemplo las encuestas del BBVA dicen clarísimo que hay un desconocimiento científico. Pero eso no quiere decir que la gente no tenga interés por la ciencia. De hecho en las encuestas del CIS aparecen los científicos como uno de los colectivos más valorados. 

P. Pero eso es paradójico. Vuestra profesión está bien valorada y sin embargo la sociedad carece de cultura científica. 
R. Claro. Hay un desfase temporal. Esto no es EE.UU., Alemania o Francia. En Francia las matemáticas son la primera ciencia del país, es un orgullo nacional. ¿Aquí dónde está nuestro Newton? Hay una brecha, hay que andar un camino y poco a poco se irá notando. La ventaja es que ahora, con los medios nuevos que hay para comunicar, todo es mucho más fácil. 

P. ¿La divulgación es sobre todo una labor de los investigadores?
R. No, tienen que asumirla también las instituciones. Por ejemplo, en el CISC, el área de Cultura Científica debería potenciarse más, y en las universidades, donde apenas existe aún, también. Se pretende cambiar el país por voluntarismo y por voluntarismo se cambia un poquito, pero no todo. Mira por ejemplo los periódicos. La Vanguardia tenía una sección de Ciencia que ya no existe; El País tenía Futuro y también ha desaparecido; en El Mundo queda algo... En las televisiones no dan nada de ciencia. 

P. Los medios suelen argumentar que ofrecen lo que demanda el público. 
R. No, el público ve lo que le des. Cuando en TVE echaban ciclos de cine de Hitchcock los veía cantidad de gente. Cuando das un producto bueno, la gente lo ve. Las series buenas se ven. Luego la televisión pública intenta competir con la privada y ofrece lo mismo. La tele, que es uno de los grandes medios de comunicación de masas, da pena verla.

P. Y todo ese empeño en divulgar las matemáticas, ¿para qué? ¿Qué sociedad te imaginas o a qué sociedad aspiras? 
R. Lo digo siempre. Lo que hacemos, aunque no tenga un impacto fuerte, irá calando. Yo quiero que el presidente del Gobierno sepa algo de ciencia, porque es quien va a tomar decisiones. Y de ahí para abajo. El único de nuestros presidentes de gobierno que tenía formación científica fue Leopoldo Calvo Sotelo, quien por cierto apreciaba mucho las matemáticas. El resto, mínima. 

P. ¿Deberían los científicos asesorar más a la clase política? 
R. Debería ser algo casi obligatorio. 

P. Aquí, según nos dicen, también se consulta a expertos a la hora de elaborar algunas legislaciones... 
R. Yo he estado en una comisión del Senado para explicar la problemática de la enseñanza de las ciencias en Secundaria. Estuvimos casi un año trabajando con los senadores y hay un libro verde donde se recogen todas las comparecencias. Todos los grupos parlamentarios aprobaron por unanimidad una serie de medidas. Están en un cajón. No se ha hecho nada. 

P. ¿Cuál es el mayor reto matemático actual? 
R. Los problemas del milenio. Uno ha sido resuelto por Perelman, pero quedan seis por resolver. En uno de ellos, un problema de mecánica de fluidos, está trabajando gente de mi instituto y se han hecho avances importantes. Pero la estrella para cualquier matemático es la hipótesis de Riemann sobre cómo podrían estar distribuidos los números primos. Los demás números se descomponen en factores primos, por lo tanto los primos son los ladrillos con los que se construyen el resto de los números, y no se sabe cómo están distribuidos. Probablemente ese sea el problema más difícil por resolver. Ha habido muchos intentos y nadie lo ha conseguido. 

P. ¿Resulta difícil compaginar la vida familiar con la carrera científica? 
R. Muy difícil, como sucede con todas las profesiones que son absorbentes. No hay horas suficientes y estás siempre pensando en ello.


La ciencia no debe dirigirla la sociedad sino los científicos

Entrevista a Alberto Casas, Investigador en el Instituto de Física Teórica del CSIC, habla sobre el bosón de Higgs y la divulgación de la ciencia.
FUENTE | CSIC

¿Puede cualquier ciudadano entender el descubrimiento del bosón de Higgs? "No en su totalidad, pero sí la esencia de este hallazgo", sostiene Alberto Casas. Sabe de lo que habla. Investigador en el Instituto de Física Teórica del CSIC y autor de varios libros de divulgación, ha trabajado en la División Teórica del CERN de Ginebra, el lugar en el que se ha corroborado la existencia de la partícula que trae de cabeza a científicos de todo el mundo: el bosón de Higgs. Casas defiende que la divulgación de la ciencia es, junto a la educación y una mayor inversión en I+D, esencial para que España supere su escasa tradición científica. Para lograrlo no sirven, a su juicio, las actitudes cortoplacistas ni "la obsesión de los políticos por la utilidad práctica de la ciencia". "Hay cosas que tienen otro tempo que hay que respetar, porque si no te las cargas", declara.

Pregunta. Vamos a empezar hablando del bosón de Higgs vinculándolo a la divulgación. ¿Cualquier ciudadano puede llegar a entender temas tan complejos como este? 
Respuesta. Entenderlo en toda su profundidad es difícil, porque requiere conocimientos matemáticos. Pero creo que la esencia de descubrimientos como el bosón de Higgs, a pesar de ser muy complejos, sí puede ser captada por el público en general. 

P. Si tuvieras que explicar a un ciudadano sin conocimientos de física de partículas este hallazgo, ¿cómo lo formularías? 
R. Le diría que pensara que hay conceptos que son tan habituales que uno no reflexiona sobre ellos, por ejemplo el concepto de masa. Las cosas tienen masa y peso, pero ¿por qué? Entender esto a nivel de partículas elementales es un problema muy complejo que resolvieron Higgs y otros científicos hace casi 50 años. El mecanismo que idearon consiste en suponer que todo el Universo, incluso los espacios vacíos, está lleno de un campo, como si fuera una especie de líquido transparente que lo llena todo. Si no existiera ese campo, las partículas no tendrían masa, serían como pequeñas pelotas de ping pong ligeras; sin embargo, al existir ese líquido, es como si las pelotas (las partículas), tuvieran una fricción o rozamiento con el líquido debido a la interacción entre ellas y el campo de Higgs. Esa fricción hace que cueste desplazarlas, y esa oposición al movimiento produce exactamente el efecto de una masa. En otras palabras, la masa de las partículas elementales proviene de su interacción con el campo de Higgs, que lo llena todo. Por otro lado, si agitamos ese líquido (campo de Higgs), las ondas que se producen (como las que vemos un estanque) serían los bosones de Higgs. 

P. La siguiente pregunta que le surge al ciudadano ajeno a la ciencia es ¿para qué sirve este descubrimiento? ¿En qué se puede traducir este hallazgo? 
R. La ciencia básica tiene varias utilidades: la primera es el afán de conocimiento. Los científicos investigan porque quieren saber y eso ya es un valor en sí mismo. Igual que nos gusta saber de historia, arte o filosofía, queremos conocer de qué están hechas las cosas o cómo es el Universo. Además la ciencia básica tiene utilidades prácticas. Poca gente pone en duda la utilidad de la ciencia aplicada, porque nos rodea toda una tecnología sin la cual la vida actual es inconcebible, pero casi toda la tecnología moderna se ha desarrollado a partir de ciencia básica. Por ejemplo, la microelectrónica está basada en la mecánica cuántica. Por otro lado, hacer ciencia básica, como física de partículas en la frontera, suele requerir también tecnología en la frontera. Por ejemplo, en Ginebra se ha desarrollado mucha tecnología a rebufo del LHC que luego ha tenido utilidad en medicina, criogenia, superconductividad... La ciencia básica aporta mucho a la sociedad; también educación, porque la gente que se forma en ella adquiere una capacidad para afrontar problemas difíciles que luego vuelca a la sociedad. 
Hay muchos investigadores que han acabado en empresas, bancos... Algunos han triunfado en Wall Street o en la City de Londres. Antiguos estudiantes nuestros están trabajando allí con éxito y su formación era de físicos. 

P. En una charla con Miguel Delibes, de la Estación Biológica de Doñana, él criticaba que nuestros dirigentes insistentemente liguen la ciencia a la utilidad y a la tecnología. Como tú, defendía el valor de la ciencia como vehículo para avanzar en el conocimiento per se. 
R. Los políticos están obsesionados con esa utilidad práctica y solo se quiere estimular las actividades científicas con una aplicación inmediata. La ciencia no avanza así. A un científico lo que realmente le motiva es entender mejor la naturaleza. Luego ese trabajo suele tener aplicaciones prácticas. Pero no es conveniente ligar la ciencia a ello porque puede haber avances en los que la aplicación no sea inmediata sino que tarde muchos años en surgir. 

P. Incluso habrá ocasiones en las que no llegue a traducirse en una aplicación práctica.
R. Efectivamente. Por ejemplo, la teoría del Big bang. No conozco ninguna aplicación práctica a partir de ella. Sin embargo, me parece un avance extraordinario del siglo XX haber llegado a entender cómo y cuándo comenzó el Universo. 

P. Antes te referías a la obsesión de los políticos por la utilidad práctica de la ciencia. ¿Esa tendencia explicaría también que cada vez estén más marginadas las Humanidades? 
R. Sí, seguramente les pasa exactamente lo mismo. De hecho la filosofía tiene puntos en común con la física teórica, al fin y al cabo se interroga sobre el mundo y su esencia. Imagino que por eso sufrirá los mismos rigores que nosotros o peores. 

P. La ciencia sirve para avanzar en el conocimiento, el progreso, la tecnología... ¿Qué hay de sus riesgos? 
R. A medida que uno conoce más el mundo y tiene más herramientas para manipularlo, adquiere un poder que puede utilizarse de manera positiva o negativa. Esto siempre es así. Fabricar un cuchillo, que es tecnología, fue un gran avance porque permitió hacer muchas cosas, pero también asesinar a gente. Ganar poder y conocimiento sobre la naturaleza implica una gran responsabilidad porque se puede utilizar para bien o para mal. También añadiría que, aunque la ciencia tiene riesgos, la ausencia de ella es un riesgo mucho mayor, como nos enseñan las épocas más tenebrosas de la historia. 

P.¿Esto podría aplicarse al propio descubrimiento del bosón de Higgs? Algunas voces alertaron sobre la posibilidad de que el LHC, el colisionador de hadrones, generase pequeños agujeros negros... 
R. Sí, aquello levantó bastante polémica, pero es un ejemplo de un falso riesgo que difundió gente que eran seudocientíficos. Teníamos pruebas apabullantes de que no existía el más mínimo riesgo. Todas las teorías indicaban que era prácticamente imposible producir un agujero negro, solamente algunas muy exóticas decían lo contrario. Pero incluso esas teorías sostenían que, de producirse, se desintegraría inmediatamente. Se podría argumentar: ¿Y si las teorías están equivocadas y se produce un agujero negro que no se desintegra, empieza a chupar materia y al final se traga toda la Tierra? Pero eso no es posible. Aunque en el LHC se consiguen colisiones muy energéticas, no son las únicas. La Tierra recibe cada día unas 10.000 colisiones por segundo tan energéticas como las del LHC o más y existe desde hace 5.000 millones de años. Nunca se ha producido un agujero negro que se haya tragado la Tierra, los planetas o las estrellas. Sí puede haber riesgos en otras ocasiones, como sucedió con la bomba atómica o con algunos avances biológicos. 

P. ¿Hasta qué punto es importante explicar a la sociedad hallazgos como el bosón de Higgs o cualquier otro avance científico? 
R. Es esencial. La ciencia es un gran motor de la sociedad y acercarla a los ciudadanos permite que estos la valoren. Además ayuda a que sobre todo los niños y los jóvenes descubran su vocación científica. También es importante para que los profesores, especialmente de Secundaria, estén al día de los últimos avances y se los transmitan a sus alumnos. La divulgación científica es esencial para la sociedad y una responsabilidad para los científicos, o casi una obligación, porque estamos financiados por dinero público y tenemos que explicar para qué se utiliza. 

P. ¿Es exclusivamente responsabilidad de los científicos divulgar la ciencia o deben implicarse otros agentes de la sociedad? 
R. Sería deseable que se implicasen otros agentes. Hacer divulgación buena y con alcance requiere fondos. De la misma manera que las empresas o los bancos apoyan actividades deportivas, sería interesante que apoyaran la divulgación científica. A mí me gusta mucho y le dedico tiempo, pero si no fuera por la ayuda que me dan instituciones o empresas, sería imposible llevarla a cabo. 

P. ¿Qué papel deben jugar los medios de comunicación? 
R. Tienen un papel esencial, pero, aunque algo han mejorado, normalmente no hacen divulgación científica. Por ejemplo, los canales de televisión promocionan o incluso producen series de contenido histórico. Hay temas científicos apasionantes que servirían para hacer series muy atractivas y sin embargo es algo en lo que creo que no piensan. 

P. ¿Fomentar la divulgación serviría para paliar el déficit de cultura científica de nuestra sociedad? 
R. Creo que es un punto importante, pero hay otros esenciales como la educación. Cuando veo los libros de texto de física, pienso que muchas veces no se enseña bien en Secundaria. Podría mejorarse mucho. Otro aspecto importante sería el apoyo a la ciencia misma, es decir, a los investigadores, y ahora mismo estamos bajo mínimos. Seguramente estas dos cuestiones sean lo más importante. Pero la divulgación también lo es, porque contribuye a que la sociedad valore la ciencia. 

P. Cuando hablas de más apoyo a la ciencia ¿te refieres exclusivamente a más inversión en I+D? 
R. En gran medida sí, aunque por supuesto hay que invertir con sensatez. Ahora uno de los problemas más importantes que tiene la ciencia en España, y en mi campo el más grave, es que no se está produciendo el relevo generacional de científicos. Tendría que estar entrando savia nueva, pero como no hay ningún horizonte de estabilización, los mejores científicos o se quedan fuera o se marchan. En unos años nos encontraremos con un sistema científico en el que los investigadores serán pocos en número y no precisamente los más brillantes. 

P. Pintas un panorama negro... 
R. Ha costado muchos años crear el tejido científico que tenemos. En muchísimos campos la ciencia española está al mismo nivel que en los mejores países. Eso se está yendo al garete a toda velocidad. O se reacciona o pagaremos las consecuencias más tarde. Con la educación pasa lo mismo. Son temas en los que el impacto producido por la falta de apoyo no se nota inmediatamente sino dentro de 10 o 15 años. Por eso a los políticos no les importa tanto recortar en ellos. 

P. De nuevo primarían los resultados inmediatos... 
R. Efectivamente. Es curioso, porque esta crisis se ha originado en gran medida por actitudes cortoplacistas que produjeron las burbujas; y parece que no hemos aprendido la lección porque seguimos obsesionados con los resultados a corto plazo. Hay cosas que tienen otro tempo que hay que respetar porque si no te las cargas. Las sociedades más envidiadas tienen sistemas científicos fuertes e invierten muchísimo en ciencia. EE.UU., Alemania, Japón... No es por casualidad. 

P. ¿Cuáles serían las causas de nuestra falta de tradición científica frente a esas sociedades? 
R. El problema viene de muy atrás. En la época del Renacimiento, cuando empezó a desarrollarse la ciencia moderna en Italia y luego en Inglaterra, España ya se quedó descolgada. Apenas ha habido grandes científicos españoles. ¿Por qué? No sé si tuvo que ver la religión, la contrarreforma, los gustos de los reyes... Nuestra historia no ha sido muy brillante desde aquella época y exceptuando casos como el de Ramón y Cajal -es asombroso que apareciera un genio en el erial que era España en aquel momento- o Severo Ochoa, que desarrolló su carrera en EE.UU., nunca hubo una tradición científica. Aquí se valoraba poco la ciencia y ser culto era saber mucha historia, muchas fechas, pero no conocer la estructura atómica. Así que es un problema que hemos heredado y que hay que combatir haciendo buena ciencia y divulgándola. La importancia que se da a la divulgación en países como Alemania, EE.UU. o Inglaterra es impresionante. Se considera que es una parte del trabajo científico. Eso en España no existe y de alguna manera está todo relacionado.

P. ¿No está suficientemente valorada la divulgación de la ciencia en nuestro país? 
R. La tarea principal de un científico es hacer ciencia y no la divulgación. Pero igual que se asume que los científicos tienen que hacer una tarea de formación de estudiantes y doctores, no está tan asumido que también tenemos una responsabilidad de divulgar. Aún tenemos un camino por recorrer en ese sentido. Se requiere un cambio de mentalidad. Tienen que ser los propios científicos quienes valoren la divulgación. Aunque creo que vamos mejorando respecto a hace 20 años. Cuando yo comenzaba a investigar, si habías hecho algo de divulgación casi tendías a ocultarlo. 

P. En ese afán de acercar la ciencia a la ciudadanía, se repite mucho la idea de 'ciencia con y para la sociedad'. Algunos científicos consideran que implica una concepción utilitarista de la ciencia... ¿Qué opinas? 
R. Yo tendería a ser un poco elitista en ese sentido. Creo que hay que contar con la sociedad, hay que divulgar la ciencia, hay que escuchar la opinión de la ciudadanía porque gracias a su generosidad podemos investigar, pero la ciencia no debe dirigirla la sociedad porque es una materia muy especializada. La UE impulsó una encuesta por Internet en la que se preguntaba a la gente cuáles pensaba que eran los temas científicos más importantes para investigar. Se hizo una votación y luego hubo un pomposo acto en Bruselas. A mí todo eso me parece terriblemente superficial, porque para saber si un tema tiene o no interés hace falta conocer muy bien ese campo. La ciencia la deben dirigir los científicos. 

P. De hecho 'Ciencia con y para la sociedad' es un eslogan que recoge el programa Horizonte 2020 de la UE. 
R. Soy bastante crítico con las políticas comunitarias. Es verdad que Europa invierte en ciencia, pero lo hace de una manera terriblemente dirigista y muy orientada a ciencia con aplicaciones prácticas. Los que hacemos ciencia básica los estamos sufriendo de una manera bestial. Ahora, quitando las starting y advanced grants, que son proyectos muy concretos y personalizados, los grandes programas de la UE son todos para ciencia orientada a la aplicación. Luego los gobiernos recogen las directrices europeas cuando hacen sus convocatorias de proyectos. Aquí las comunidades autónomas -al menos en el caso de la comunidad de Madrid me consta que es así- prácticamente calcan las tendencias que vienen de la UE. Por eso lo de ‘ciencia con y para la sociedad’ es algo que ahora vemos mucho en las convocatorias. Pero por ejemplo, la investigación en física de partículas, ¿es para la sociedad? Es para entender mejor la naturaleza, y creo que eso es valioso para la sociedad. 

P. Con esa concepción quedan automáticamente excluidas muchas áreas del conocimiento... 
R. Sí, de hecho en la última convocatoria de la Comunidad de Madrid, nuestro Instituto de Física Teórica, que había conseguido proyectos en años anteriores, no ha podido siquiera solicitar nada parecido porque no hay ningún apartado que recoja nuestras líneas de investigación. Teníamos las mejores evaluaciones y simplemente nos han dejado sin sitio. 

P. ¿Es complicado compaginar la carrera científica con la vida personal y familiar? 
R. Tiene ventajas e inconvenientes. El inconveniente es que cuando eres joven tienes que pasar varios años fuera de España, de un lado para otro y sin saber si podrás volver. Eso puede dificultar mucho llevar adelante un proyecto familiar. Cuando ya estás establecido y tienes una familia te vienen picos de trabajo. A veces no te ven el pelo, pero a la vez es una profesión bastante flexible. No sería muy crítico al respecto. 


Los cinco grandes descubrimientos de la Física de los últimos 25 años

La revista especializada Physics World ha celebrado su vigesimoquinto aniversario con la elección de los que considera los cinco hallazgos más relevantes de la Física de los últimos 25 años. La que sigue es la selección de la publicación, que ha tenido en cuenta cuánto han aportado estos hallazgos a la comprensión del mundo.
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A.

EL TELETRANSPORTE CUÁNTICO
La construcción de un ingenio que nos lleve de un lado a otro del Universo a la velocidad de la luz, como ocurre en Star Trek, está aún muy lejos de hacerse realidad, pero el teletransporte ya es posible en el mundo cuántico, ese universo extraño que rige el comportamiento de lo diminuto, las moléculas y los átomos, y en el que es posible que ocurran cosas tan mágicas como estar en dos sitios a la vez. 
En 1993, un equipo de científicos calculó por primera vez que el teletransporte podría funcionar. Desde entonces, los físicos teóricos han demostrado que las conexiones intensas generadas entre las partículas pueden ser la clave para el teletransporte de información. Este entrelazamiento implica que un par de partículas cuánticas, por ejemplo dos electrones o dos protones, están intrínsecamente unidas y conservan una sincronización independientemente de si están juntas o en lados opuestos de la galaxia. A través de esta conexión, bits cuánticos (qubits) pueden ser enviados de un lugar a otro. En 2012, un equipo internacional de científicos logró teletransportar fotones a través de 143 kilómetros de distancia, rompiendo todos los registros anteriores. Además, un grupo de físicos israelíes ha anunciado que ha conseguido entrelazar dos fotones que nunca habían coincidido en el tiempo, esto es, que existieron en momentos diferentes. 
Estos experimentos pueden dar lugar a los esperados ordenadores cuánticos, mucho más veloces y potentes que los actuales.

EL CONDENSADO DE BOSE-EINSTEIN
Sólido, líquido y gaseoso. Así es como la mayoría de la gente respondería si se les preguntara cuáles son los estados de la materia. Pero existe un cuarto, el plasma, y un quinto aún menos conocido: el Condensado de Bose-Einstein (CBE). Se trata de un estado de la materia que se produce cuando las partículas denominadas bosones pierden sus características individuales para colapsar en un único estado colectivo en el que los efectos cuánticos se manifiestan en una escala macroscópica. Esta condensación fue predicha por Satyendra Nath Bose y Albert Einstein en la década de los 20 del pasado siglo. 
Se trata también de la materia más fría que se conoce. Varios experimentos de laboratorio han conseguido formar CBE a temperaturas de apenas media milmillonésima de grado por encima del cero absoluto, es la temperatura más baja posible del Universo (-273 grados) y a la que cesa la actividad atómica.

LA ACELERACIÓN DE LA EXPANSIÓN DEL UNIVERSO
En la década de los 20 del pasado siglo, el astrónomo Edwin P. Hubble confirmaba que el Universo no ha dejado de crecer desde el momento mismo en que surgió, a partir de la gran explosión, el Big Bang, hace 13.800 millones de años, según los últimos datos más precisos. En los 90, se descubrió que esa expansión, además, se está acelerando y es cada vez más rápida a medida que pasa el tiempo.
Lo que causa esta expansión fue denominado energía oscura, un tipo de energía de la que apenas sabemos nada. Junto a la materia oscura, completamente diferente a la materia ordinaria que todos conocemos, conforman el 96% de la masa total del Universo. Solo el 4% está hecho de materia ordinaria, la que forma todos los planetas, estrellas y galaxias que podemos ver. El descubrimiento de la expansión acelerada del Universo sacudió las cimientos de todo lo que sabemos sobre el Cosmos.

LOS NEUTRINOS TIENEN MASA
Durante mucho tiempo se creyó que los neutrinos, unas misteriosas partículas subatómicas, no tenían masa. Sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que se transforman alternativamente, lo que solo es posible si tienen masa, aunque muy pequeña, menos de una milmillonésima de la masa de un átomo de hidrógeno. Este hallazgo ha obligado a revisar la teoría de las partículas elementales y fuerzas fundamentales de la naturaleza. 
La masa de los neutrinos es tan ligera que pasan sin problema a través de planetas enteros sin ser interferidos ni siquiera por uno de sus átomos. Tampoco tienen carga eléctrica, por lo que los neutrinos no están sujetos a alteraciones magnéticas de ninguna clase y no son alterados por la fuerza de la gravedad. Se mueven libremente en cualquier clase de ambiente y condición.

APARECE EL BOSÓN DE HIGGS
Los físicos Peter Higgs, François Englert y Robert Brout (los dos primeros premiados con el Nobel de Física) postularon en 1964 la existencia de un bosón popularmente conocido como el de Higgs o 'la partícula de Dios', responsable dar masa a todas las demás. Entonces comenzó una larga y costosa 'cacería' con muchas sospechas pero sin resultados hasta que por fin, en julio de 2012, los físicos de CMS y ATLAS, los dos mayores experimentos del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), ubicado en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), cerca de Ginebra, en Suiza, confirmaban que, en efecto, habían dado con la escurridiza partícula. 
El hallazgo reafirma el Modelo Estándar de la Física, la teoría que engloba todos nuestros conocimientos sobre el mundo subatómico, haciendo posible que el Universo sea tal y como lo conocemos. Pero lo que el bosón de Higgs puede revelarnos aún es un misterio.


Me inquieta que se oriente la ciencia exclusivamente hacia la tecnología

Entrevista a Miguel Delibes, de la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
FUENTE | CSIC

 Cada vez que un periodista le pregunta "¿qué has descubierto este año?", Miguel Delibes se siente desconcertado. La ciencia -dice- avanza a pequeños pasos más que con grandes descubrimientos. Por eso le inquieta que cada vez más se la identifique con la tecnología y la obtención de resultados. Por el contrario, este biólogo cree que la ciencia es importante per se, como método de conocimiento de la realidad, al margen de todas las transformaciones que pueda traer. Es más, como conservacionista -durante ocho años fue director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), donde sigue trabajando-, Delibes defiende que la ciencia "no tiene que servir solo para cambiar el mundo". "Nos tiene que enseñar también que como cambiemos mucho más la Tierra, no va a ser habitable", señala. Máxima autoridad mundial sobre el lince ibérico, este científico ha compaginado su actividad investigadora con su faceta de divulgador. Así lo ejemplifican libros como La naturaleza en peligro y La Tierra herida, escrito junto a su padre, el ya fallecido novelista Miguel Delibes. Es precisamente su figura la que evoca al final de esta entrevista.

Pregunta. ¿Cómo se puede explicar al ciudadano de a pie qué se hace en la Estación Biológica de Doñana y por qué es importante? 
Respuesta. Creo que es más necesario enseñar que toda la ciencia es importante que hacerlo respecto a una investigación o línea concreta. No creo que tengamos que empezar diciendo: "Investigamos en Doñana para entender cómo funciona la naturaleza y eso nos ayuda porque dependemos de ella". Antes habría que explicar -y eso se debería hacer desde la escuela- por qué conocer el mundo es importante y cómo la ciencia es una herramienta imprescindible para ello, ya sea para estudiar ecología, materiales o astronomía. Me parece muy importante enseñar los métodos de la ciencia, que esta no es un sistema de creencias sino un proceso racional, y que no nace espontáneamente. Entonces ya se podrá transmitir que uno de los aspectos que tenemos que conocer es nuestra casa y nuestros vecinos: el planeta Tierra y las especies que lo comparten con nosotros. Se podrá explicar que todos interactuamos y que el medio ambiente condiciona la forma en que podemos vivir e incluso el que podamos vivir aquí. Este tipo de cosas son las que se estudian en la Estación de Doñana. 

P. Así que antes de explicar lo que es Doñana deberíamos partir de una situación en la que ya se hubiera enseñado a la ciudadanía la importancia en general de la ciencia y el método científico... 
R. Claro. Decir que la ciencia es necesaria porque nos arregla los problemas, porque cura el cáncer, por ejemplo, supone convencer con el mismo estilo que un sistema de creencias. Es como decir: "Reza para curar el cáncer". Te lo crees o no. Creo que eso no educa, no enseña a la sociedad lo que es la ciencia. Algo así dijo Umberto Eco, que afirmaba que era el aspecto mágico de la ciencia lo que se transmitía a la sociedad a través de los medios de comunicación. Se dice: "Descubierto un hogar del ser humano de hace un millón de años". Y la gente dirá: "¿Cómo sabrán que es de hace un millón de años?". Si no se explica todo el proceso, se tiende a pensar que hay unos tipos con unas virtudes especiales que se dedican a estas cosas y se transmite esa impresión de algo poco racional, mágico... Enseñar el método científico y hacernos más racionales, sin dejar por eso de ser seres emocionales, es algo que debería comenzar en la escuela. Entonces se entendería que todo conocimiento científico es útil, aunque a priori no sepamos qué es lo que vamos a descubrir. 

P. ¿Crees que no se está haciendo, es decir, que no se enseña la ciencia de la manera que planteas o que al menos hay un déficit? 
R. Sí. Más bien hay un déficit. Hay una tendencia, sobre todo en los últimos años y mucho más acusada desde que atravesamos un mal momento económico, a poner por delante la utilidad de la ciencia. Eso convencerá a parte de la sociedad, pero no educa mucho científicamente. Creo que la otra parte, que es más lenta, habría que hacerla también. Esa sociedad más culta a la que aspiramos debería aprender lo que tiene de maravilloso el proceso de avanzar en el conocimiento, cómo se van dando pasitos, más que hacer de golpe grandes descubrimientos. Me desconcierta mucho cuando me llama algún periodista y me dice: "¿Qué has descubierto este año?". No sé cómo contestar. Eso de pensar que cada año descubrimos algo y que son piezas separadas... Luego, la sociedad recibe ese mensaje y no sabe muy bien cómo trabajamos y cómo se genera el conocimiento. Se nos ha contado mucho el descubrimiento del bossón de Higgs, pero pocos medios han explicado todo el esfuerzo del CERN, el tiempo que se lleva trabajando ahí, la participación de miles de científicos que han aportado pequeñas cosas. En ese aspecto tendríamos que mejorar. 

P. ¿Y quién debe asumir esa tarea? Aparte del papel de la escuela, ahora te estás refiriendo a los medios de comunicación... 
R. La verdad es que no lo sé. Ha habido mucho debate sobre esto entre los que dicen que comunicar es tarea de los comunicadores, es decir, medios y periodistas, y los que piensan que debe ser tarea de los científicos. Yo creo que se puede trabajar de manera conjunta. Probablemente esa es la mejor aproximación. Sí pienso que los científicos tenemos que tener más claro que hay que hacer nuestro mensaje entendible para la sociedad, pero los periodistas deben tener claro que también hay que transmitir a la sociedad cómo se hace la ciencia, no solo sus resultados. 

P. O sea que sí consideras que el científico tiene que asumir como parte de su trabajo la divulgación de la ciencia. 
R. Sí, creo que es muy importante que nos involucremos en esto. Probablemente no todo el tiempo o no por igual en toda la carrera científica. En mi vida como investigador hubo unos años, 10 o 12, en los que estuve en plena tarea creadora y me costaba apartarme de mi investigación. Entonces quizá no era el momento de frenar una investigación para contarla. Pero hay otras épocas en las que es factible y creo que enriquece al científico. Además, si aprendes a comunicarte mejor con los lectores no especializados, también escribes mejor la ciencia. 

P. ¿Crees que en España está valorada la divulgación de la ciencia dentro de la esfera científica? 
R. Hemos cambiado muchísimo en eso. Hemos pasado de que fuera no solo poco valorada, sino incluso negativa, a ser algo apreciado. He estado en tribunales de oposición del Consejo en los que parte del tribunal quería penalizar a los candidatos por haber dedicado tiempo a hacer divulgación, porque decían que ese tiempo lo deberían haber dedicado a publicar más artículos científicos. Yo les decía: si en méritos científicos dos candidatos están parejos y uno además ha hecho divulgación, vamos a premiarle. De esto hace 25 años, ahora se ha cambiado, en parte también porque los científicos somos cada vez más conscientes de que es la sociedad la que nos sostiene, luego tenemos que llegar a ella. 

P. Ahí está el quid de la cuestión. ¿Cómo hacer esto? En el acto Salvemos la ciencia, que organizó la revista Materia receientemente, señalaste que los científicos necesitabais percibir más entusiasmo por parte de la sociedad hacia la investigación, y que a veces tenéis la sensación de que muchos piensan que no servís para nada, que protestáis mucho... 
R. No recuerdo haberlo dicho... No me parece que eso sea la generalidad. Al revés, tiendo a decir que la sociedad valora mucho a los científicos, pero nos conoce muy poco. La gente tiende a decir que la ciencia le parece muy importante, pero no sabe qué es ni por qué es importante, la confunden mucho con la tecnología... Debe ponerse más énfasis en lo importante que es como método de conocimiento de la realidad, al margen de todas las transformaciones que traiga. Como conservacionista de la naturaleza, creo que la ciencia también nos puede ayudar a no cambiar la realidad, no tiene que servir solo para cambiar el mundo, nos tiene que enseñar también que como cambiemos mucho más la Tierra no va a ser habitable. 

P. Sí, creo que en tus declaraciones en aquel acto te estabas refiriendo a nuestros dirigentes políticos, y te quejabas del actual contexto de austeridad y de la falta de recursos. 
R. Se nos pide que demostremos que la ciencia que hacemos es útil inmediatamente. Eso sí que lo critico. En general, cuanto más útil sea, más se parece a la tecnología, que es imprescindible y está muy bien, pero es menos ciencia. Sé que es poco oportuno decir en este momento que lo que yo investigo quizá no sirva para nada a corto plazo. Pero me gustaría que nunca se nos olvidara que la ciencia sirve porque es conocimiento acumulado y nos ayuda a entender mejor el mundo en que vivimos. Esto es importante per se. 

P. También comentaste en el mismo acto que por primera vez en la historia tenemos más jóvenes sabios en España, pero sin embargo no hay mercado de trabajo para absorberlos.
R. Es cierto, eso es lo que más me impresiona de este momento: la cantidad de gente muy preparada que hay en relación con hace 30 años. Por primera vez España tiene gente muy formada en ciencia y en tecnología y el país no es capaz de absorberla. Durante muchos años hemos estado entrando en el sistema científico, antes los jóvenes apenas sabíamos lo que era la ciencia, teníamos poca experiencia internacional, nos costaba mucho escribir en inglés... El sistema necesitaba científicos y no había. Ahora, gracias a un esfuerzo de toda la sociedad de la España democrática, eso ha cambiado, ya hay gente muy preparada, y sin embargo sobra, no la queremos. Eso me parece muy dramático. 

P. Diferentes estudios señalan que nuestra sociedad presenta un nivel inferior de cultura científica respecto a otras sociedades europeas. ¿Cuáles serían las causas de ese déficit? 
R. No me parece raro porque tenemos un déficit en todo lo relacionado con la ciencia que arrastramos al menos desde la guerra civil. En aquella época una gran parte de la sociedad era evidentemente más ignorante que ahora, había mucho más analfabetismo rural, pero la gente culta conocía mejor la ciencia y a los científicos. Luego vinieron 40 años de sequía en los que, aunque España quisiera científicos, no los había. Los maestros en gran medida se había ido, éramos muy pocos estudiosos y la sociedad no sabía prácticamente nada de la ciencia. Hemos empezado con retraso respecto a otros países europeos. Probablemente en el terreno estrictamente científico avanzamos deprisa, porque creo que los planes de investigación desde 1980 han funcionado bien. Pero la sensación de que la educación en ciencia era importante es mucho más reciente. La gente dice que confía en los científicos porque le suena que eso es lo que se debe hacer, pero luego se le pide que nombre a algún científico y no conoce a ninguno. Es lo que venimos hablando desde el principio, que falta educación científica... 

P. Que el ciudadano de a pie tenga unos mínimos conocimientos científicos, ¿le puede beneficiar de manera directa en su vida cotidiana? 
R. Creo que un individuo con más conocimientos científicos es más libre, tiene más capacidad de decidir y de entender el mundo donde está y a los demás. Una cuestión ardua, que nos lleva a otro debate, es si eso te beneficia o te perjudica. Alguien puede decir: "Es que yo no tengo ganas de ser libre, yo prefiero que me digan lo que tengo que hacer porque lo otro me angustia mucho". Ese es el dilema donde hemos estado como Humanidad gran parte del tiempo. Alguien ha dicho que algunas formas de pensar tenían valor de supervivencia; por ejemplo, se habría seleccionado el no angustiarse mucho, no dar muchas vueltas a la cosas, de forma que las personas más simples, que se limitaban a confiar en la providencia, tenían más tendencia a dejar hijos que quienes estaban angustiados pensando en cómo funcionará el universo, o arriesgándose a que les llamaran bruja o brujo, los persiguieran... 

P. Ahora los mecanismos son más sofisticados que señalar a alguien como brujo o bruja y llevarle a la hoguera, pero la opción entre hacerte más preguntas, aunque te generen más incertidumbres, o vivir de una manera más cómoda sigue siendo la misma. 
R. Claro. En mi escala de valores me parece que hacerte preguntas, ser escéptico, dudar de las cosas... es positivo. Y en este sentido creo que es mejor tener un conocimiento científico. Tengo aquí una frase de Stephen Hawking que dice: "En una sociedad democrática los ciudadanos necesitan tener unos conocimientos básicos de las cuestiones científicas, de modo que puedan tomar decisiones informadas y no depender exclusivamente de los expertos". Yo creo que es bueno que la mayor parte de los ciudadanos tengan esos conocimientos y puedan tomar decisiones. Pero también puedo entender que un ciudadano diga: "Yo ya tengo muchos problemas. A mí que me digan qué tengo que hacer". 

P. Vamos a hablar de tu especialidad. Como gran experto del lince ibérico, ¿cuál es la situación de esta especie en la actualidad? 
R. Al hilo de todo lo que hemos estado hablando, diré que para esta especie la investigación fue la que permitió detectar que estaba en una situación muy grave. Gracias a la investigación se hizo un programa de conservación, se transmitió a todo el mundo, se hizo una evaluación de los felinos a nivel internacional... Todo ello permitió que hace ya unos 8-10 años llegaran fondos europeos y se empezara a trabajar en serio con el lince. Hoy no está salvado pero sí mucho mejor. Si había 150 linces ibéricos hace 10 o 12 años, ahora en el campo hay más del doble y en cautividad más o menos otro centenar. Eso da garantías de que se va a poder recuperar, a no ser que ocurriera algo grave como una epidemia. 

P. Este sería uno de esos casos en los que, como decías, la ciencia y el conocimiento no han ido en la línea del cambio sino de la conservación, de preservar uno de los habitantes del planeta. 
R. Claro. Esto es un problema de sensibilidad o de línea argumental científica. Me inquieta, como ya he dicho, que se oriente la ciencia exclusivamente como base para la tecnología: la ciencia nos da el conocimiento que nos permite cambiar el mundo. Y también conservarlo, cuando hay que conservarlo. No es imprescindible que la ciencia nos lleve a cambiar cosas, sino a lo mejor a decir 'frena', que no hay que cambiar tanto. 

P. ¿Es complicado compaginar la carrera científica con la vida familiar? 
R. La carrera científica te absorbe mucho, pero es tan apasionante que tiendes a convencer a los que están contigo. Yo he hecho algunos trabajos junto a mis hijos, mi mujer... Pero debes ser consciente de que a veces hay que parar. Como toda actividad absorbente, te impone unas exigencias que pueden ser difíciles para la vida familiar, y creo que esto penaliza más a las mujeres. Supongo que pasa en casi todas las profesiones que no consisten en un horario de 8.00 a 15.00. De la ciencia no te olvidas ni siquiera por la noche. Hay épocas en las que incluso sueñas con la investigación que estás haciendo y te levantas en medio de la noche para apuntar algo que se te ha ocurrido. Eso es algo propio de todas las profesiones creativas. Recuerdo que cuando mi padre era ya muy mayor, escribimos juntos un libro y a veces me decía: "Oye, casi no has avanzado en esto". Yo le contestaba: "¿Cómo que no? Si casi no he podido dormir dándole vueltas...". Y una vez me dijo: "Bendita vigilia creativa, quién la volviera a pillar". Me impresionó. Tenía 80 y tantos años, a él ya no le pasaba y lo echaba de menos. 


Habría que abolir la separación entre ciencia y humanidades

Entrevista a José Pintado, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.
FUENTE | CSIC

Siempre se ha movido entre dos mundos, la ciencia y el arte, y eso es lo que llevó a José Pintado, del Instituto de Investigaciones Marinas en Vigo (CSIC), a crear en 2007 el proyecto Neuston. En él científicos y artistas de distintas disciplinas mantuvieron una serie de encuentros para tender puentes entre sus respectivas áreas de conocimiento. Pintado combina su actividad investigadora, dedicada al estudio y cría en cautividad de especies marinas protegidas, con la divulgación de la ciencia. Toda su actividad está impregnada de una concepción de la cultura como algo transversal. Por eso lamenta que desde el sistema educativo ya se contribuya a esa separación entre la ciencia y las humanidades. La ciencia -dice- es una parte indisociable de la cultura.

Pregunta. ¿En qué consiste tu trabajo en el Instituto de Investigaciones Marinas en Vigo? 
Respuesta. En estudiar la biología de las especies marinas para generar el conocimiento que permita cultivarlas con una aproximación ecológica, es decir, sabiendo cómo funcionan esas especies y sus ecosistemas. Eso implica investigar las condiciones de cultivo, la alimentación, la reproducción, la cría larvaria, las patologías, etc., e incluye el estudio de la microbiota asociada a estas especies -es decir, los microorganismos que viven en su interior o en su exterior- para utilizarlos de una forma beneficiosa, por ejemplo aplicando probióticos a la acuicultura. Esto lo hacemos tanto para el cultivo de organismos marinos utilizados para la alimentación, por ejemplo el rodaballo, como para el cultivo de especies protegidas o amenazadas, para conservar la biodiversidad. 

P. Entre ellas los caballitos de mar, una especie que ha centrado gran parte de vuestras investigaciones. 
R. Sí, estamos trabajando con caballitos de mar, fundamentalmente con la especie más frecuente en las costas gallegas, el Hipocampus guttulatus. Es la primera vez que esta especie se cultiva en cautividad. Los primeros años fueron difíciles, pero al final se logró la reproducción con éxito y una supervivencia de los juveniles elevada. Ahora pretendemos usar esos caballitos de mar producidos en cautividad y seleccionados genéticamente para el refuerzo de poblaciones naturales de esa especie en áreas protegidas. El objetivo es asegurar su recuperación. 

P. ¿Qué impacto tendría para el ecosistema marino la desaparición de los caballitos de mar? 
R. Es una especie a proteger, cubre un nicho ecológico. Pero no es tan importante que desaparezca porque eso vaya a afectar al ecosistema, sino porque en sí misma tiene un gran valor ecológico. Todas las especies de caballitos de mar están protegidas y sometidas a regulaciones de los organismos internacionales de conservación de la naturaleza. 

P. ¿Por qué despiertan tanta curiosidad estos animales? ¿Se debe a su físico tan atípico entre los peces o a la existencia de leyendas en torno a ellos...? 
R. Creo que se debe a su físico, mitad caballo, mitad pez. En la mitología griega eran caballos marinos los que tiraban del carro de Poseidón. Nosotros queremos aprovechar esa atracción que despiertan para divulgar la importancia de la conservación de la biodiversidad marina. El caballito de mar es un pez muy especial; en lugar de ser ovíparo, como la mayoría, es ovovivíparo, es decir, la cría se desarrolla dentro del progenitor y en este caso del macho, en una bolsa incubadora. Además, tienen un comportamiento reproductivo especial, que incluye un cortejo durante el cual las hembras ponen los huevos en la bolsa del macho. En torno a todo eso también hay mucha mitología y leyendas. 

P. Tu afán divulgador te llevó a idear en 2007 el proyecto Neuston, que trataba de establecer un diálogo entre científicos y artistas. ¿Por qué te interesa esa relación entre ciencia y arte? 
R. Personalmente me interesa mucho el arte y siempre me he movido entre esos dos mundos. Realmente creo que no están tan lejanos. Tanto en el arte como en la ciencia buscamos conocimiento, entendernos a nosotros mismos y conocer cómo funcionan la naturaleza y el universo. La idea de Neuston surgió de conversaciones con amigos artistas que sienten una fascinación por el mundo científico, igual que algunos de nosotros sentimos atracción por el arte. Sin embargo, hay una especie de reticencia a entrar unos en los terrenos de los otros e ir un poco más lejos, a pesar de tener mucho en común. La ciencia y el arte pretenden interpretar la realidad usando mecanismos similares. La realidad es compleja, por eso científicos y artistas construimos abstracciones a partir de ella, por ejemplo un modelo matemático, un dibujo o un poema, para extraer los aspectos esenciales que nos interesa conocer y que nos ayudan a entenderla. Para ello necesitamos experimentar. Finalmente, queremos comunicar ese conocimiento que hemos adquirido... 

P. En tu artículo La cultura transversal, en el que explicas cómo se gestó Neuston, abogas por un conocimiento menos compartimentado que el que se fomenta desde el sistema educativo. 
R. Efectivamente. Desde la famosa conferencia de C. P. Snow en 1959 sobre las dos culturas, en la que alertaba sobre la separación entre la cultura de ciencias y la de humanidades, la situación poco ha cambiado. Esa separación sigue estando presente y habría que tender a abolirla. En lugar de un encasillamiento tan temprano en una dirección o en otra, lo que necesitamos en los ciclos formativos son conocimientos más globales y comunes, y que un estudiante de Bachillerato no deje las ciencias cuando se pasa a la rama de humanidades. Eso es un error que nos lleva a que la ciencia y los científicos estén en su mundo, y los artistas o gente dedicada a las humanidades en el suyo, cuando en realidad nuestras mentes usan tanto el método científico como el conocimiento al que nos permite acceder el arte a través de las emociones. Creo que necesitamos ambos conocimientos para afrontar las grandes cuestiones que nos afectan a escala global. 

P. ¿Crees que la separación entre ciencia y humanidades puede contribuir a esa imagen de los científicos como personas alejadas y aisladas de la sociedad? 
R. Creo que sí. Y también tiene que ver con que cuando hablamos de cultura muchas veces la ciencia no se incluya. La cultura engloba todo: cultura literaria, cultura científica, cultura artística... Todo lo tenemos que interpretar como algo común: el mundo de las ideas y el conocimiento. Quizá esa separación de la que hablábamos hace que a menudo se considere como una persona culta a alguien que conoce la historia o la literatura, sin que necesariamente sepa de ciencia. Esta es la percepción que tiene mucha gente. Yo creo que una persona culta tiene que saber de ciencia también, porque es una parte indisociable de la cultura. 

P. Otra idea que esbozas en La cultura transversal es cómo en la actualidad la ciencia está cada vez más orientada a la obtención de resultados inmediatos y muy vinculada a la tecnología. ¿Cómo afecta esto a algunas disciplinas? 
R. Creo que es así. Muchas veces hacemos investigación que pretende ser aplicable, pero para eso necesitamos resolver problemas que son parte de la ciencia básica y que están generando conocimiento. Quizá lo que trasciende es solo esa investigación que se aplica, y es cierto que a menudo se prima ese aspecto sobre el conocimiento. El que estemos actualmente adscritos al Ministerio de Economía indica que se está considerando que la ciencia está más vinculada al desarrollo tecnológico y económico inmediato que al conocimiento, cuando a la larga el conocimiento, saber cómo funcionan las cosas, tiene una repercusión mucho más transformadora de la sociedad. Ejemplos de ello son la teoría heliocéntrica de Copérnico o la de la evolución de Darwin. En este sentido, las disciplinas menos aplicadas pueden resultar perjudicadas. 

P. Así que esta forma de concebir la ciencia también tiene consecuencias para la sociedad... 
R. La percepción que tiene la sociedad de la ciencia es '¿para qué sirve esto?' '¿Cuál es su aplicación inmediata?' A nosotros nos preguntan: '¿Para qué sirve conservar los caballitos de mar?' Hay una concepción utilitarista. Claro que conservar la biodiversidad puede tener una aplicación económica; hoy la biodiversidad se considera un recurso que tiene un valor y de hecho hay caballitos de mar que se crían porque hay un mercado de acuarofilia, es decir, se pueden convertir en un bien económico. Pero la finalidad de la investigación no es esa, es conocer la biología y todos los aspectos que no se conocen de estas especies para intentar conservarlas. 

P. ¿En qué medida crees que es importante divulgar la ciencia y el conocimiento a la sociedad? 
R. Es fundamental y creo que es una obligación de los científicos. Tenemos la responsabilidad de hacerlo, sobre todo los que trabajamos en instituciones públicas. Deberíamos asumirlo como una parte de nuestro trabajo. Es cierto que hay científicos que tienen más capacidad para hacerlo, pero cada vez hay más implicados y menos reticencias hacia esta actividad. También noto que quizá tengamos una falta de cultura científica los propios científicos, de alguna manera somos un poco huérfanos de la poca relevancia que se da a la historia de las ciencias y de la epistemología en la formación científica. Por otra lado está la especialización, todos estamos metidos en nuestro ámbito de conocimiento, en nuestro nicho, e incluso dentro de los propios institutos la gente no acude a los seminarios que organizan otras áreas. Queremos que la sociedad se interese por la ciencia, pero a veces tampoco nosotros nos interesamos por lo que hacen nuestros colegas. 

P. O sea que esa compartimentación del conocimiento que se produce en el sistema educativo se reproduce entre los científicos. 
R. Sí, en cierta medida creo que tenemos que hacer un poco de autocrítica. 

P. Consideras una obligación del investigador dedicar una parte de su tiempo a la divulgación. ¿Es posible entonces compaginar investigación y divulgación? 
R. Se puede y se debe compaginar. Otra cosas es si está suficientemente reconocida la divulgación. 

P. ¿Crees que está poco valorada? 
R. Creo que estamos mejorando en este aspecto y en el CSIC está reconocida. En el Ministerio no lo veo así; creo que se le da una importancia secundaria. Es muy significativo que en el modelo de currículum normalizado para solicitar un proyecto no haya un epígrafe de 'divulgación científica'. Si lo hubiera, muchos investigadores se plantearían cómo rellenar ese apartado. Es verdad que la creación de la FECYT y la agencia SINC han sido avances, pero falta financiación y medios. En el CSIC se han creado las unidades de cultura científica, y eso ha sido un paso muy bueno, pero también los centros deberían tener gente contratada dedicada a la divulgación. 

P. ¿Por qué tiene importancia que la ciudadanía aumente su cultura científica? 
R. Una ciudadanía con cultura científica es más libre y más dueña de su destino, puede opinar y decidir con más criterio. Vivimos en una sociedad sobreinformada, pero si tienes un exceso de información y no tienes criterios para interpretarla eres más manipulable. Eso hace que a veces se dé el mismo valor a una opinión personal de un tertuliano que a una explicación basada en datos contrastados de un científico. En la medida que la sociedad esté informada, es más difícil que esto suceda.

P. Digamos que es más fácil ejercer los derechos y los deberes como ciudadano estando bien informado. 
R. Efectivamente. La ciudadanía se enfrenta cada día a cuestiones que tienen repercusión social y que detrás tienen aspectos relacionados con la ciencia. El hecho de que tengan una buena información y sean capaces de interpretar, les hace tener poder de decisión sobre ello, es algo básico. 

P. ¿Resulta complicado compaginar la carrera científica con la vida personal y familiar? 
R. Puede resultar difícil porque la carrera científica requiere bastante dedicación, tienes poca estabilidad y mucha movilidad, pero es una forma de vivir la vida que por otra parte nos llena y nos hace sentirnos afortunados. Hubo momentos en mi vida en los que cierto grado de incertidumbre incluso me resultó estimulante, pero eso no puede durar mucho, después se necesita cierta estabilidad, sobre todo para conciliar con la vida familiar. Lamentablemente la carrera científica es mucho más difícil para las mujeres y creo que hay poco apoyo al respecto.