RADIO KOSMOS CHILE

2/15/2010

CARTA SOBRE HIPATIA...


Carta sobre un personaje interesante
Últimas tardes con Hipatia, la primera mujer astrónoma.

Querido amigo,

Como se que te muerdes ya las uñas de impaciencia ante el estreno de Ágora, la última película de Amenabar, he tenido a bien dedicar esta misiva para hablar de su protagonista, Hipatia de Alejandría, ¡que ya era hora de que tuviéramos una astrónoma en el cine, además de Jodie Foster en Contact!

Eso si, no te vayas a creer que el premiado director ha sido del todo original. La buena de Hipatia ha sido protagonista absoluta en la práctica total de la expresiones artísticas posibles: ensayos, novelas, teatro, poesía (“…espíritu de Platón y cuerpo de Afrodita…” recitaba Laconte de Lisle), incluso es la única mujer (probablemente) que aparece en la imposible reunión de sabios que Rafael ilustra en su celebérrima “Escuela de Atenas”.

Y es que todo lo referente a Hipatia de Alejandría está envuelto en un halo de leyenda: su belleza (una cualidad que, por cierto, nunca se menciona de un científico), su sabiduría, su libertad de creencia, y su muerte violenta a manos de fanáticos cristianos.

El título, de uno de los primeros ensayos históricos sobre su figura, realizado por el protestante John Toland en 1720, muestra hasta qué punto ha sido tratada como un arquetipo: “Hipatia o la historia de la más hermosa, la más virtuosa, la más sabia, y en todo la más brillante dama; que fue descuartizada por el clero de Alejandría, para satisfacción del orgullo, la envidia y la crueldad del conocido universalmente, aunque inmerecidamente, como San Cirilo” (todo un ejemplo de concisión, sin duda).

Por cierto, este texto causó la inmediata réplica de los circuitos eclesiásticos, con el título (un poco más corto) de “La historia de Hipatia, la más insolente maestra de Alejandría. En defensa de San Cirilo y el clero de Alejandría contra las acusaciones del Señor Toland.

De hecho, desde la ilustración, la figura de Hipatia ha sido utilizada, hasta el abuso, como arma arrojadiza de numerosos y variados ideales. Su espantosa muerte ha sido catalogada por muchos historiadores como el fin del mundo antiguo y de la brillante cultura clásica. Ha sido alzada como víctima del sectarismo y la intolerancia de las religiones contra la libertad de creencia.

Ha sido la última representante de la ciencia como mecanismo de alcanzar la verdad frente a la superstición. Y, cómo no, heroína del feminismo, en lo que Carlo Pascal defendía “como una persecución antifeminista, la primera mártir de la misoginia”. Y, para rizar el rizo, incluso la Iglesia ha tomado prestada su parte de Hipatia, al introducir elementos de su vida y obra en la biografía de Santa Catalina de Alejandría.

Sueño de artistas, heroína de feministas, imagen de la razón, etc. En fin, raro es que no hayan hecho camisetas con su efigie, compitiendo con las del mismísimo Che. Pero, realmente ¿qué sabemos de esta mujer que nunca salió de Alejandría?

¿Qué sabemos de Hipatia?

Pues en realidad, nada que provenga de su propia mano, ya que no se ha conservado ningún texto histórico de su puño y letra. Quizá la fuente más fidedigna provenga de la extensa correspondencia que disponemos de uno de sus alumnos más entusiastas, Sinesio de Cirene, que llegaría a convertirse en Obispo de Pentápolis.

Gracias a Sinesio sabemos que en Alejandría, entre la última década del siglo IV y la primera del siglo V, una mujer ya madura, llamada Hipatia, hija de Teón, enseñaba Filosofía, Matemáticas, Astronomía y otros saberes a un grupo de estudiantes que la veneraban como a una santa. Los miembros de este círculo, que se declaraban “bajo el signo de Hipatia”, no formaban parte precisamente de los estratos más humildes; al contrario, entre ellos se encontraban miembros de las mejores familias, que acudían de todas partes atraídos por la fama de la sabiduría y el calado espiritual de la conocida como Hipatia de Alejandría. Más tarde serán obispos, gobernadores, concejales, comandantes militares, etc.

Además de en este reducido círculo de alumnos de buena posición, Hipatia también impartía conferencias públicas sobre principios filosóficos y científicos. Era habitual que a sus charlas acudieran las fuerzas vivas de Alejandría, pero también todo aquel que quisiera escuchar a la maestra (toda una pionera de la divulgación científica).

Probablemente Hipatia actuaba más como filósofa que como científica. Sabemos que era una apasionada de la Astronomía, a la que consideraba “una forma divina de conocimiento y una medida fija de la verdad”, y que gracias a sus enseñanzas sus alumnos eran capaces de construir astrolabios y planisferios. También parece demostrado que Hipatia elaboró una importante adaptación de una las obras cumbre del saber astronómico, El Almagesto de Ptolomeo. Así pues, es posible que en El Almagesto estemos leyendo las únicas líneas escritas por Hipatia que han llegado a nuestros días.

La muerte de Hipatia

¡Atención! Lo que viene a continuación puede ser considerado como un “spoiler”, aunque con más de 1500 años de existencia.

Mientras Hipatia daba sus clases, el por entonces máximo mandatario cristiano, el Obispo Teófilo, comenzó una intensa campaña en contra del paganismo: eliminó los cultos politeístas y mando arrasar los templos paganos, en especial el llamado Serapeo, antaño el principal templo pagano de Alejandría.

Ni Hipatia, a la que muchos autores encasillarán en el futuro como “defensora del paganismo”, ni sus alumnos, entre los que hay tanto cristianos como paganos, parecieron tomar partido por ningún bando. De hecho, la filósofa, sin necesidad de ocultar su religión no cristiana, disfrutaba de libertad e independencia intelectual. Pero las cosas comenzaron a cambiar cuando, en sustitución de Teófilo, sube al poder su sobrino Cirilo, todo un santo varón, ya que pasaría a la historia como San Cirilo.

El nuevo obispo, hombre ambicioso, continuó la batalla por la pureza de la fe y, sobre todo, por la ampliación de la influencia de la Iglesia en cuestiones políticas y municipales, lo que levantó las suspicacias de los mandatarios políticos, entre ellos las del prefecto Orestes, la máxima figura política no eclesiástica de Alejandría. Rápidamente, el conflicto entre religiones se extendió al estado, y al enfrentamiento personal entre Cirilo y Orestes.

Una de las personas más cercanas al círculo de Orestes era precisamente Hipatia, a quien el prefecto considera una de las mentes más lucidas de Alejandría. Hipatia estaba en desacuerdo con la intromisión de los Obispos en cuestiones políticas, y comenzó a correr el rumor entre las esferas cristianas de que ella era la causante de la guerra entre Orestes y Cirilo. Además, Hipatia contaba con ex alumnos repartidos en los más altos cargos de todo el imperio, no solo políticos, sino también eclesiásticos, y esto hace que los seguidores de Cirilo comenzaran a verla como una poderosa e influyente rival que había que eliminar. A este hecho se unía que Hipatia nunca había sido muy querida por la plebe, que aglutinaba al mayor número de fanáticos cristianos, que la consideraba una maestra de ricos.

Sistemáticamente, los partidarios de Cirilo comenzaron a lanzar rumores acerca de Hipatia, acusándola de ser una bruja y practicar la magia negra, lo que apelaba directamente a la profunda superstición del pueblo. Los poderes eclesiásticos comenzaron a catalogarla como una “astrónoma bruja y hechicera” y, según Hesequio, fue la Astronomía mezclada con la astrología y el oscurantismo lo que cierra el destino de Hipatia.

Por fin, estos rumores produjeron resultados y un grupo de exaltados dirigidos por un tal Pedro el lector, probablemente un clérigo menor, decidió matar a la supuesta bruja. Los detalles dependen de quién cuente la historia: para algunos se trata de multitud de creyentes, y para otros apenas un puñado de bestias exaltadas. En cualquier caso, culminó su acción un día de marzo del 415. Asaltaron a Hipatia cuando regresaba a su casa, la sacaron violentamente del carruaje y la arrastran a la iglesia del Cesarion. Allí le arrancaron la ropa y la despedazaron con fragmentos de cerámica, tras lo que llevaron su cuerpo fuera de la ciudad, a un lugar llamado Cinaron, donde la quemaron sobre una pira.

No se trató de un asesinato machista, ni contra el paganismo, sino más bien de un simple y estúpido asesinato político, como tantos que han existido y que existirán después. Tras su muerte, Orestes abandonó su cargo y Cirilo se hizo con el poder de la ciudad. El asunto se archivó como una revuelta más contra una bruja pagana.
Fuente: Escrito por Emilio J. García.

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