8/12/2008

ASTRONOMIA VIRTUAL Y ESPECULACIONES SOBRE LA VIDA EN MARTE...

La astronomía virtual, una nueva puerta para conocer los cielos

El descubrimiento del cosmos ya no es un campo limitado a los expertos especializados en el estudio de la inmensidad del universo.
Fuente:COLPISA

De un tiempo a esta parte, el uso de enrevesados equipos técnicos o descomunales telescopios para descifrar los secretos escondidos en el espacio se ha sustituido por el empleo de un mero ordenador portátil y una conexión a Internet. Gracias a la conocida como astronomía virtual, se ha abierto una nueva puerta al conocimiento de los cielos.

Esta nueva técnica de investigación sustituye los métodos de observación directa para estudiar información sobre el espacio. En su defecto, tanto científicos como aficionados comparten y reexaminan la ingente cantidad de datos obtenidos a los largo de la historia y en la actualidad.

Para entendernos, el problema que se plantea es que el desarrollo tecnológico de instrumentos de investigación ha sido tal que ha producido una descomunal avalancha de datos que no pueden ser procesados atentamente. Por poner un ejemplo, el Telescopio Espacial Hubble recoge anualmente alrededor de un «terabyte» de nueva información, el equivalente a 231 millones de páginas escritas; a eso habría que añadir la conseguida por otros de los numerosos puntos de observación distribuidos a lo largo del mundo.

Joseph C. Jacob, que trabaja en el proyecto Digital Sky, una plataforma conjunta del Instituto Tecnológico de California y el Laboratorio de Propulsión de la NASA para aunar cuatro bases de información astronómica en un solo portal de la Web, no dudaba en explicar que «hemos llegado a ser tan avanzados tecnológicamente que ahora nos toca lidiar con la ingente cantidad de datos obtenidos».

Lo cierto es que se da la paradoja de que normalmente los científicos obtienen más información de la necesaria cuando realizan un determinado estudio y en la mayoría de los casos esas sobras son guardadas, pero en otros caen en el olvido. Ahora, gracias a estos «observatorios virtuales», tanto expertos como adeptos al espacio pueden tener acceso a alguna de las numerosas plataformas en la Red que permiten la revisión de datos reales.

En Estados Unidos, el conocido como Observatorio Virtual Nacional (NVO, por sus siglas en inglés) se ha erigido como la primera biblioteca virtual sobre el espacio a este lado del Atlántico desde comienzos de los 90 y en la actualidad cuenta con financiación de la NASA y la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF, por sus siglas en inglés). La NVO obtiene su información de prestigiosas fuentes tecnológicas como son el Observatorio Óptico Astronómico Nacional, el Observatorio Nacional Astronómico de Radio y otros sofisticados estudios como el de infrarrojos, 2MASS.

Alex Szalay, astrónomo de la Universidad Johns Hopkins y que dirige el proyecto de NVO con el científico informático Paúl C. Messina, del Instituto Tecnológico de California, reconocía en la publicación «space.com» que « la astronomía es un campo de estudio muy específico que cuenta con una gran cantidad de seguidores aficionados que obtienen gran cantidad de información, por lo que la astronomía virtual ayuda a que ellos también puedan contribuir al progreso científico».

La plataforma del NVO estará completada en los próximos 15 años y permitirá a los especialistas, profesores, estudiantes y aficionados descargar valiosa información directamente en sus ordenadores y permitirá a todos analizarla al mismo tiempo.

En la actualidad, más de 25.000 astrónomos aficionados colaboran con los observatorios y con los departamentos de Astrofísica de las principales universidades estadounidenses. Estos adeptos al espacio ponen a contribución la potencia de cálculo de sus ordenadores y, desde sus casas, procesan datos obtenidos por los distintos telescopios. Han localizado al menos cinco planetas extrasolares, numerosos cometas y meteoritos. Además, han fotografiado supernovas y galaxias.

Entre algunas de estas organizaciones que aúnan el curioso espíritu de muchos aficionados, se encuentra Stardust, una asociación de la Universidad de Berkley que invita a personas voluntarias a unirse a la entidad a través de Internet para analizar los millones de partículas espaciales traídas a la tierra por la nave Stardust, el 15 de enero del año pasado. Otro proyecto interesante es el SETI@home, un experimento científico de la Universidad de Berkley que utiliza ordenadores conectados a Internet para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (siglas en inglés de SETI). Usted puede participar ejecutando un programa gratuito que descarga y analiza la información de los radiotelescopios.

Con este panorama, cabe destacar que, a día de hoy, La Liga Astronómica de EE.UU. agrupa al menos a 240 clubes de astrónomos aficionados, una cifra nada desdeñable que prueba que, gracias a la colaboración de meros interesados en la observación astronómica, se puede seguir dando pasos de gigante en el descubrimiento del infinito universo que nos rodea.


Especulaciones sobre la vida en Marte

La existencia de extremófilos alienta las especulaciones sobre la vida en Marte.
Fuente:NEOFRONTERAS.COM

Chris Impey, de University of Arizona in Tucson, en una entrevista para Newscientist, hace una pequeña recopilación de los organismos extremófilos que hay en la Tierra. La idea es que quizás haya organismos similares en otros planetas donde el ambiente es extremo.

No hay nicho ecológico en la Tierra que no haya sido colonizado por algún organismo. Hay vida en aguas calientes y ácidas, en los más secos desiertos, en la profundidad del océano o de la corteza terrestre, en la regiones polares, o incluso donde hay vertidos tóxicos o radiactivos.

Según Impey la vida en la Tierra está por todos lados, incluso en los sitios más inconcebibles. La misión Phoenix a Marte, ahora tan de moda en los medios, esta estos días buscando hielo de agua en la región polar marciana. Según algunas personas hiperoptimistas podría ser que incluso hubiera vida en dicho planeta.

La existencia de extremófilos en la Tierra nos hace pensar que quizás en las duras condiciones de Marte o en la luna Europa de Júpiter pueda haber vida.

Algunos de estos extremófilos pueden medrar bajo el océano en las chimeneas hidrotermales a una temperatura muy alta. Para ello se valen de unas enzimas que son estables a alta temperatura. Algunas de estas enzimas han sido aisladas y se utilizan en detergentes y para la producción de alimentos. El límite de temperatura que se ha encontrado hasta el momento es de 113 grados centígrados. Esta marca la ostenta Pyrolobus fumari, descubierto en 1997 a 3650 m de profundidad en el océano Atlántico. Recordemos que debido a la alta presión reinante a esa profundidad el agua allí y a esa temperatura no hierve. Este microorganismo puede incluso sobrevivir los 121 grados de un autoclave de esterilización médica durante 10 horas, pero muere a 130 grados.

Quizás existieron estas chimeneas hidrotermales en Marte en el pasado, o todavía estén en los océanos subterráneos de Europa que se cree que hay por debajo de la capa de hielo.

Otros organismos pueden sobrevivir al frío extremo. Ciertas arqueas y líquenes criptoendolíticos colonizan los poros de las rocas antárticas. Hay también un alga que coloniza la nieve dándole un color sandía, fenómeno ya descrito por Aristóteles.

Los psychrophiles, organismos amantes del frío, tienen membranas especiales que no se ponen rígidas a esas temperaturas y producen proteínas anticongelantes.

No se sabe muy bien la marca en este caso, pero algunos microbios prosperan a 12 grados bajo cero y sobreviven a -20 grados. Según un estudio la bacteria Colwellia psychrerythraea puede sobrevivir a los -196 grados centígrados del nitrógeno líquido.

Estos microbios o similares podría sobrevivir en sitios como Marte o Europa.

Otros microorganismos pueden sobrevivir en ambientes salinos. Así, y a pesar de su nombre, el Mar muerto, que es uno de los sitios más saldos del mundo, contiene diversos microorganismos que viven en sus aguas. Así, Haloarcula marismortui produce una proteína especial que le protege de los efectos de la sal. Se ha especulado sobre ambientes salados en el suelo de Marte y su posible vida, aunque es un tema controvertido.

Chris Impey se olvida de mencionar otros casos igualmente sorprendentes. Deinococcus radiodurans puede resistir la radiación gracias a su enorme capacidad para reparar su ADN. Se descubrió después de haber intentado esterilizar un recipiente con radiación y observar que todavía quedaban microorganismos.

Hay microbios que pueden vivir en el desierto de Atacama, que es probablemente el lugar más seco de la Tierra. El lago Mono, en California, de alta alcalinidad (pH 10) o ciertos sitios en Yellowstone son otros lugares en los que viven extremófilos.

En la mina Richmond en EEUU hay microbios que prosperan a un pH ácido de 0,8. Algo que muchos otros microorganismos no podrían resistir, sobre todo a las altas temperaturas en las que se encuentran. Thiobacillus, por ejemplo, vive de oxidar el ácido sulfúrico. Y es que las dietas microbianas pueden ser raras, como aquellos que a partir de hidrógeno y dióxido de carbono producen metano y energía. O esos otros que viven en las entrañas de la tierra e indirectamente se alimentan a partir de la desintegración del uranio radiactivo.

El río Tinto, en España, es otro ejemplo de lugar interesante. Allí medran, entre los metales pesados, microorganismos que viven de la oxidación del hierro y que dan al río su característico color anaranjado. Este elemento también está presente en Marte por eso se ha utilizado al río Tinto como modelo de posible vida marciana.

Pero todo esto no significa que tenga que haber vida en Marte. Aunque las últimas noticias sobre el suelo marciano son interesantes, no hay que echar las campanas al vuelo. La vida se adapta, sí, y medra por doquier, pero precisamente esta razón le haría ser evidente en Marte, sobre todo si hubiera surgido y evolucionado allí mismo. Si los microbios terrestres pueden vivir en Marte, ¿por qué no hay microbios marcianos que lo hagan allí mismo?

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